Las cometas todavía vuelan lejos
AUNQUE AGOSTO ES el mes tradicional para elevar cometas, una actividad perfecta para disfrutar en familia, dos cometeros, Wilson y Fidencio, creen que es para todo el año.
Wilson era de esos que corría con una bolsita, tratando de que tomara vuelo, como si fuera una cometa. Incluso hasta cogía dos palitos y reemplazaba el papel con ella, le ponía pita y a volar se dijo.
Eso por allá cuando tenía cinco años, porque la pasión por las cometas le viene de toda la vida. Quizá, cuenta él, algo tiene que ver que haya nacido en Jericó, "la tierra de las cometas", aunque la verdad, nunca ha vivido allá.
Y Wilson Serna ya ni siquiera necesita mucho tiempo, ni una silla, para tomar dos palos de caña brava, un poco de colbón, otro tanto de papel, unas tijeras, la pita aquella y en diez minutos tener una hecha y lista para soltarla.
"A esta le falta un poquito de cola", dice, mientras Fidencio Manuel Vásquez le completa la frase: "Pero así ya le vuela".
Fidencio es de la costa y "desde pelao he elevado cometas". Los dos se encontraron, porque Dios los hace y ellos se juntan, dirá alguien, y fundaron La casa de las cometas.
"Lo que queremos es que no se pierda la costumbre", añade un Wilson emocionado. "La cometica que uno más ve es la Delta, la que es como un avión. También el fantasmita, una plástica que es muy sencilla, que vale tres mil pesos".
Porque cometas hay de todas las clases, los gustos y los precios. "Usted puede conseguir una hasta por 300 mil pesos. Depende del estilo", explica Fidencio.
Las tradicionales son de papel globo. También las hay de plástico, de tela, de las que tienen fibra de carbono, inflables y hasta sin cola, pero eso ya es más profesional.
El cometero de Jericó dice que la clave está en los tirantes y la cola. Si eso está bien, pues tendrá casi que asegurada la diversión y no le pasará que "colee", o que la pobre cometa, en lugar de volar, se pone a girar.
"Tiene que tener un peso adecuado. Las tradicionales -afirma él - elevan con poco viento".
A elevar cometa
Agosto es el mes, según la tradición, especial para las cometas. A Wilson y a Fidencio la experiencia les señala que no.
"Todo el año elevamos cometa". Basta que haya tiempo seco, que se asome por la ventana a ver que no esté muy nublado y que las copas de los árboles se muevan.
Por supuesto, este cuento tiene su secreto. El principal, enseña Wilson, que se guíe la cometa hacia el lado que sopla el viento, porque pelear con él no es aconsejable. Después es cuestión de ir halando la pita (como en un yendo y viniendo suave de la mano) e ir soltándola, cuando la cometa lo va pidiendo y explicarlo sobra, porque eso se siente al volarla.
"A mí me gusta mucho ver cuando está bien lejos, aunque para las grandes no es recomendable que alcancen tanta altura", aconseja el cometero.
Lo importante es divertirse, ir en familia y hacer lo de Fidencio: "Es devolverme a cuando era niño".