LAS FARC Y LA BARBARIE NO CONTADA
Que las Farc sigan secuestrando y asesinando policías en medio de los diálogos con el Gobierno Nacional es algo que nos llena de dolor y desconcierto. Que manipulen el lenguaje utilizando términos como “prisioneros de guerra” es algo que nos llena de indignación.
Sin embargo, la difusión que se les da a estos crímenes, ciertamente atroces, a veces ignora otra faceta no menos dolorosa de este conflicto: el mal trato que reciben las mujeres al ser abusadas por los guerrilleros y forzadas a abortar.
Así lo testificó un reportaje publicado el pasado 29 de enero en el diario El Espectador, Allí señala cómo anualmente, solo dentro de este grupo terrorista, se practican mil abortos. Cada 36 horas una guerrillera es sometida a esclavitud sexual.
Las mujeres embarazadas intentan huir para proteger a los bebés que llevan en su vientre. Muchas veces este escape no tiene el final que quisieran, pues en este intento pueden ser sometidas a trabajos forzados para que finalmente aborten a sus hijos. Otras corren con peor suerte y terminan siendo fusiladas.
Solo desde el año 2007 comenzaron a seguirse estos casos pero desde hace décadas los combatientes tenían que atender a la orden impartida por el “Mono Jojoy”: “es mejor no engendrar porque toca eliminar”.
Desde los 12 o 13 años, a las niñas que son reclutadas en estas filas de la muerte, se les obliga a planificar bajo el pretexto de que hacen parte de la causa revolucionaria. Para ellas, pertenecer a esta causa significa en muchos casos ser utilizadas como objetos sexuales por los guerrilleros. Y este cruel sometimiento se camufla con prácticas como el aborto y la agresiva planificación a la que son sometidas desde muy jovencitas. Este panorama no puede ser más injusto ni desgarrador para estas pobres mujeres que un día comenzaron a formar parte de las Farc por opción personal o por presión.
Las esposas de los comandantes son las únicas que pueden decidir tener o no el hijo que esperan. La exguerrillera Elda Neyris Mosquera, alias “Karina”, confesó que las mujeres que se ven obligadas a abortar quedan con serios problemas psicológicos. Algunas se han quitado la vida, otras contraen el virus del sida. Un problema del que pocos colombianos somos conscientes; en parte porque ellas no denuncian este crimen, pues aseguran que no tienen cómo comprobarlo.
Esta es la barbarie no contada de un grupo armado que no respeta ni la libertad, ni la integridad física ni el don de la maternidad de las mujeres que hacen parte de estas filas. Los colombianos estamos acostumbrados a ver las consecuencias de esta guerra atroz que sigue padeciendo nuestro país pero qué poco conscientes vivimos del infierno que viven adentro quienes hacen parte de este grupo guerrillero. Algunas mujeres que valientemente han optado por desmovilizarse, han salido para contar tantas historias que sufren quienes, por opción o presión, caen en la trampa de esta lucha armada de las que muchas veces ellas y sus hijos son las primeras víctimas. Historias que es necesario escuchar para no ignorar esta faceta del conflicto colombiano.