Histórico

Las Golondrinas vuelan sobre el olvido

EN EL BARRIO Caicedo, la Fundación las Golondrinas quiere construir un colegio donde los niños sean educados y que se convierta en un punto de partida para el cambio de la comunidad, aunque ya tienen recursos, todavía hace falta.

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04 de junio de 2011

Bastaría ver en los ojos de Cris Valerie ese brillo que se parece a la felicidad, para entender que el trabajo que realiza la Fundación Las Golondrinas en el barrio Caicedo, cambia vidas.

Pueden rugir las voces intimidantes de la violencia o de la pobreza, pero ellos siguen ahí. No solo brindando educación, sino creando un tejido social con base en la equidad y las oportunidades.

En tres casas de corredores estrechos y de una pulcritud retadora, la Fundación lleva educación a los niños de los barrios Esfuerzos de paz uno y dos.

Antes, el colegio donde impartían clases, estaba ubicado en una de las montañas de la zona, limitando con el pasto y la maleza en la que Medellín, por punta y punta, se pierde. El invierno los obligó a moverse unas cuadras más abajo.

Los niños, la mayoría pertenecientes a la población afro, y que vienen de lugares en los que estaban acostumbrados a clavarse de alturas impensadas en el río San Juan, corretean por los pasillos. Los más grandes ven clase de educación física en la calle. Necesitan un colegio.

Detrás de sus rostros, que por una razón desconocida lanzan una sonrisa, como si cada mirada se tratara de una fotografía, hay historias que las palabras no logran dibujar y a las que no les queda más recurso que el silencio.

Para ellos, la Fundación Las Golondrinas tiene pensado construir un colegio mejor. Uno en el que tengan todas las condiciones, que por razones que desconocen, no han tenido.

El proyecto
Hace cuatro años La Fundación fue invitada por la Secretaría de Educación para atender niños bajo el modelo de cobertura, menores del sector de Villa Liliam, hasta donde han llegado, en su mayoría, familias desplazadas.

En esa época, visitando todas las casas, casi en una labor evangelizadora puerta a puerta, los profesionales encontraron 90 niños desescolarizados. Hoy atienden 300 menores en primaria y otros 300 en el programa Buen Comienzo de la Alcaldía.

Como si fuera poco, según Gabriela Santos, directora Ejecutiva de Las Golondrinas, en ese mismo espacio tienen un centro de recuperación nutricional de bebés y un centro de formación para el empleo con las madres, del cual hace parte Cris Valerie, quien ya forja su microempresa de bisutería.

Gabriela resume el proyecto: "En medio de las balas trabajamos con la comunidad y educamos a los niños".

Un sueño: el colegio
Margarita Olarte, miembro de la Junta Directiva de la Fundación, cree que con la construcción de una institución educativa puede llegar la solución para muchas dificultades que pasan en la zona, una de ellas: no hay agua potable.

El asunto es que las casas donde van a hacer el colegio ya están compradas gracias a la donación de un empresario local que prefiere dejar su nombre en el anonimato. Varias fundaciones y hasta un colegio han ayudado por la causa, pero aún falta.

Es una obra que necesita $1.300 millones y todavía hay que conseguir $900 millones. Pero contracorriente, la construcción empezará en julio.

No solo los niños, toda la comunidad espera que el plantel sea erigido ya. En las pequeñas casas donde ahora se reúnen para aprender han encontrado la esperanza que dibujan decenas de niños en sus cuadernos.

Cris Valerie, con sus ojos que no se pueden olvidar y una tímida risa que se le asoma, finaliza diciendo: "Necesitamos que los niños tengan una educación mejor, y no ver el conflicto que tenemos ahora".