Las Palmas: y llegaron las cargas
No fueron suficientes las razones de inconveniencia advertidas sobre la fragilidad e inestabilidad geológica del suelo adyacente a la antigua vía de Las Palmas para que la intervención no fuese más allá de los límites que la buena práctica de la ingeniería recomendó y, en consecuencia, tendremos derrumbes para rato.
Un buen recurso que la buena práctica de la ingeniería recomienda para garantizar seguridad y estabilidad en las obras cuando exista duda sobre calidad o resistencia de los materiales utilizados o los procedimientos constructivos, consiste en realizar "pruebas de carga".
Pero ello no siempre es posible y hay que esperar a que la naturaleza se encargue de efectuar "las pruebas de carga", que aparecen sin previo aviso y de manera súbita como los inviernos prolongados que superan los promedios anuales y con severidad ponen a prueba su solidez estructural.
La puesta total en servicio de la vía Las Palmas, después del fatal derrumbe que obligó a un cierre transitorio de una calzada, obligó estudiar intervenciones técnicas en aquellos sitios que presentaban amenaza y riesgos para los usuarios.
Pero no obstante los trabajos de estabilización realizados: pantallas de anclaje, muros de contención, revegetalización de taludes etc., con inversiones que hoy superan los 22.000 millones de pesos, nuevamente el invierno de los últimos meses ha puesto a prueba su estabilidad y desafortunadamente la banca de la vía sigue moviéndose y el pavimento presenta notorias fallas estructurales en muchos sectores y un carril de bajada continúa cerrado.
La alternativa que algunos esperaban sería sustitutiva de la comunicación vial con túnel; una vía segura y confiable para atender las cargas de tráfico para las que fue diseñada y cuya inversión ya supera los 140.000 millones de pesos, nos tiene desconectados con el Oriente, no es competitiva ni corresponde a las expectativas creadas; tampoco a una decorosa vía de entrada a la "Medellín, imparable", una vía a la que le negaron la construcción de un "tunelcito" de apenas 690 metros en la "Curva Barraca", a pesar de contar con recursos de peaje que hoy superan los 1.500 millones mensuales.
No fueron suficientes las razones de inconveniencia advertidas sobre la fragilidad e inestabilidad geológica del suelo adyacente a la antigua vía de Las Palmas para que la intervención no fuese más allá de los límites que la buena práctica de la ingeniería recomendó y en consecuencia, tendremos derrumbes para rato.
De nuevo se han afectado e infartado las actividades económicas, académicas y comerciales entre los dos valles, los tiempos de viaje se han duplicado y las kilométricas colas en la única vía de acceso: Los Balsos, resultan desesperantes y la conectividad y competitividad se fueron a pique.
Y estamos pagando las consecuencias de la "cicatería", de haber ajustado las especificaciones al presupuesto, a la ausencia de estudios, investigaciones y análisis previos a los diseños y la naturaleza nos está pasando "la cuenta de cobro" de la improvisación y haber alterado su equilibrio.
A diferencia de la cicatería aplicada para construir la mayoría de carreteras del país, un ejemplo que contrasta con una buena práctica de la ingeniería, son los desarrollos hidroeléctricos que, bajo condiciones severas de invierno, ninguno haya colapsado.
A ninguna empresa generadora de energía se le ocurriría el despropósito de abrir una licitación de una Central Hidroeléctrica con base en anteproyectos y "llave en mano"; siempre ha imperado la razón y el buen juicio para decidirse por la adjudicación de contratos bien estructurados y con pliegos de condiciones y detallados diseños previos a su valoración.
Pero el método de algunos gobernantes con mentalidad cortoplacista está haciendo carrera; el afán de relevar las firmas de ingeniería de consulta con la pretensión de obtener menores costos y acortar los términos y construir las obras contrarreloj y adjudicar a la propuesta más baja y "arreglar las cargas en el camino" y al final, los costos exceden los presupuestos.
Personajes del tropicalismo que nos mantendrán en el tercer mundo a perpetuidad, si no cambiamos de sistema.