LAS PARÁBOLAS DEL REINO
Las parábolas de Jesús presentadas en las lecturas bíblicas de este domingo, como las de los domingos inmediatamente anteriores que corresponden también al capítulo 13 del Evangelio según san Mateo, suelen ser denominadas "Parábolas del Reino". En este evangelio la expresión "Reino de los Cielos" equivale a lo que los demás evangelistas llaman "Reino de Dios", y esto puede explicarse porque Mateo, al dirigirse a sus primeros destinatarios, se atuvo a la costumbre judaica de no pronunciar por respeto el nombre del Creador.
Jesús había iniciado su predicación invitando a sus oyentes a convertirse, es decir, a cambiar de mentalidad y reorientar sus vidas, porque "está cerca el Reino de los Cielos" (Mateo 4, 17), es decir, porque el poder transformador de Dios que hace posible para todo ser humano una vida feliz ya se ha hecho cercano en Él con su acción sanadora. Y para explicar en qué consiste este "reino" emplea imágenes sencillas y cotidianas: la de la tierra buena que recibe la semilla esparcida por el sembrador, la del trigo que crece en medio de la cizaña, la del grano de mostaza que es la más pequeña de las semillas y se transforma en un árbol frondoso, la de la levadura que fermenta toda la masa de harina para producir el pan (Mateo 13, 1-43).
En las parábolas de este domingo (Mateo 13, 44-52), el labrador que descubre el tesoro escondido y el comerciante que encuentra la perla fina simbolizan a quienes saben establecer las prioridades y aprovechar las oportunidades. En esto consiste la verdadera sabiduría. Y el pescador que selecciona los peces recogidos en la red simboliza la acción de Dios que comienza con un llamado a todos y termina con pocos escogidos, siendo estos últimos los que no solo escuchan sus palabras, sino además las acogen y las ponen en práctica.
Jesús quería que sus discípulos fueran continuadores de sus enseñanzas. Tal es el sentido de la pregunta que les hace al final: "¿Han entendido ustedes todas estas cosas?". Y también el de la comparación que les propone cuando ellos responden que sí: su misión de continuar el magisterio de Jesús exige respetar lo valioso de la tradición y asimismo asumir sin miedo lo nuevo.