Histórico

Las rayas de una francesa

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23 de junio de 2012

Valentina tiene tres clases de libretas. Las grandes, las medianas, las pequeñas. O al revés: en las pequeñas dibuja una ciudad lejana, en panorámica. En las medianas la perspectiva de las calles, de las casas, de la acera. En las grandes, de hoja completa, ya está esa única casa, su fachada y hasta las flores, si es que hay flores.

Tres años lleva en esta ciudad. Pelinegra. Delgada. 26 años. Su apellido no es difícil como parece, pero ha aprendido a deletrearlo antes de pronunciarlo siquiera: Can-se-co. Habla suave, como tocada por un botón de silencio y, lo que dice, lo dice en su acento francés perdido, en su español exacto, en su casi chileno. Es artista plástica. Recorrió a Medellín a pie y la dibujó. A su manera.

Fue casi con ella misma y nada más. La libreta, a veces las tres, a veces una, y un micropunta negro. Sandalias. Ropa cómoda para sentarse en cualquier parte. En la calle o en la silla de la señora que la ve enfrente de su casa y de pronto, le comparte esa de cuatro patas.
Lo que hizo Valentina pueden ser, desde lejos, mamarrachos. Solo rayas que se juntan en un trazo que parece no levantar la mano. Ella prefiere otro nombre, más simple: dibujos. Lo que hizo durante seis meses y unos días, y que hoy expone en el Colombo Americano, fue mirar a Medellín con sus ojos de francesa y con sus ojos de enamorada. Y a eso lo llamó Al sol y al agua.

Todo empieza en París, ya hace un tiempo. Allá fue que nació y donde estudió artes plásticas. Allá conoció a Daniel Carvalho, que es de aquí y andaba estudiando urbanismo. "Yo tenía ganas de moverme y él me dijo, si tú quieres, vamos para Medellín". Y ella dijo sí y se encontró una ciudad.

"Aquí hay muchas cosas por decir, justamente. Me parece que hay más espacios, para mí que soy joven artista. Me encuentro muchos temas que me dan ganas de hacer. En París es mucho más saturado y más complicado: todo ha sido dicho, conversado".

Luego se encontró dos cosas: unas calles de las que no pasaba y un taller de grabado solar. Lo primero es lo más importante. Un día la llevaron a conocer el barrio Doce de octubre y a ella no le quedó más que una exclamación: ¡wow! Y eso que los amigos le dijeron que era peligroso, que ni ellos, que son de acá, habían ido. Valentina hizo caso omiso y encontró lo que muchos no han visto: una vista espectacular.

Fue cuando se le ocurrió lo de Al sol y al agua. "Decidí hacer algo. Dije, tengo que armar un proyecto y empecé a redactarlo: recorrer la ciudad y preguntarme por qué la gente no la conoce. Ahí hay algo qué hacer".
Son 48 dibujos, sin colores.

La elección
Valentina quería una ciudad homogénea. Captar la esencia y dar una sensación de unidad. Le llama la atención que cuando se encuentra a varios paisas afuera son de un mismo lugar. Sin embargo, cuando están en Medellín, la ruptura es distinta. Son de ese barrio o de aquel. El blanco y negro, en cambio, lo conecta todo.

Recorrió las 16 comunas. Primero en taxi, en una investigación ligera. Daniel le ayudó con el concepto, con decirle qué iba a encontrar aquí y en ese otro lado. Luego ella hizo lo demás: llamar a alguien del barrio, un amigo que hubiera conseguido, hacer una cita de día completo e ir a buscar esa imagen para el papel.

"Fue muy el tema de la intuición. Con cuál casa voy a representar el Popular y pensaba, quiero dibujarlas todas. Cómo hace uno para fragmentar así y elegir una imagen para representar una comuna. Yo dije, no no no, y caminaba y caminaba, y conversábamos y de repente una resaltaba por algún detalle, por una cosa muy personal, y ahí yo señalaba esa es y ahí va a pasar algo y siempre pasó algo. Lo más importante es la experiencia".

Por eso quizá no es la casa del Popular Uno o de Castilla. Es esa casa que se encuentra en ese barrio, donde hay algo para contar, que Valentina ya vivió. "Es que hay millones de casas". Y millones de panorámicas y de calles. Ella puso su ojo, su mirada de extranjera, y donde sintió que era se sentó a dibujar. O se paró, depende.

Entre todos
Ella, francesa, se caminó a Medellín con un micropunta. Luego la hizo grabado, con una técnica que también tiene que ver con el sol. Grabado solar, para ser exactos. Tiene que ver con el hecho de que las libretas son un testimonio muy íntimo.

Ella dibuja y los dibujos se quedan en la libreta. Ella los muestra, le dicen tan bonito, pero después la libreta va a su bolso y se va con ella para la casa. Y Valentina quería una obra colectiva. Una reflexión más amplia sobre esta ciudad.

"Yo quiero que la gente conozca su espacio, pero que sea solo una puerta. Que piensen en los detalles. Por qué me detuve ahí. Por qué le di importancia a algo tan sencillo. Y no hay otra intención: generar curiosidad de su propio entorno. De la cotidianidad. De los cables de la luz, que ya se olvidan, pero que Valentina vuelve a recordar, a decir que están allí. Que no se han ido.

"En los dibujos hay grandes diferencias y grandes similitudes entre las comunas -dice Daniel-. Mucho ladrillo, mucha teja de barro, mucha informalidad. Está esa relación con la montaña. Hay detalles simples. No hay nada grandioso, pero todo eso hace una Medellín particular. París es plana y homogénea. Medellín es montañosa y heterogénea. Lo que ella pinta no es la ciudad de todos los días. Yo mismo vuelvo y redescubro mi ciudad y me doy cuenta que no la conocía bien".

La primavera
Los dibujos le permiten a Valentina quedarse en el espacio. Va sin afán. Interactúa con lo que hay. Le preguntan. Los que la ven quieren dibujar también.

En cada dibujo de la libreta pequeña se demoró una hora. En cada dibujo de la mediana, dos. En cada uno de la grande, tres. Más o menos. A veces hubo que volver varias veces o muchas veces. Lo que pasa es que en este proyecto, que se ganó la Beca de creación de la Alcaldía de Medellín en 2011, el sol y el agua tenían su juego. Si llovía, Valentina se debía marchar. Si hacía sol, entonces podía seguir caminando.

Una ciudad también se conoce por el clima y Medellín tiene esa fama de la eterna primavera. Y la primavera es eso, expresa en su español: sol y agua. No más.

El grabado tiene que ver con el sol, además. Había que exponer las placas con el dibujo, entre las 11:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde. Si llovía, no había nada qué hacer, salvo esperar que fuera otro día y que fuera otro sol.
Así se fue construyendo esta ciudad de líneas que se unen. En una caminata al azar. Valentina se puso sus zapatos y luego se paró en los zapatos de todos los demás: los dueños de esa ciudad que la recorren por las mismas calles y olvidan que, más allá de sus calles hay más calles, más casas, más flores.

Ella escribió en alguna parte: "representar a la escala de la mirada urbana". Y entonces hay que añadir: dibujos in situ de una ciudad a rayas negras