Histórico

LECCIONES RECIBIDAS

18 de junio de 2014

Ganó el candidato Santos, hay que aceptarlo con resignación democrática. Pero los colombianos tenemos que reflexionar sobre muchos temas preocupantes en este país con un futuro incierto.

Lo peor que puede pasar en una democracia es la falta de compromiso con el país, la falta de interés por participar en unas elecciones cruciales como las que acaban de pasar, donde se definían muchas cosas. Lo peor de ese desinterés es lo que pueda ocurrir en el futuro.

Los indiferentes tienen como argumento para no participar en unas elecciones, que no votan por unos políticos corruptos. Es cierto que los hay y lamentablemente en Colombia tenemos muchos ejemplos, pero esa teoría favorece precisamente a esos corruptos politiqueros que se enriquecen en el ejercicio de esa política torcida.

Los corruptos son los que tienen dinero suficiente para comprar conciencias y con esa falsa política tienen los votos asegurados, mientras los políticos decentes buscan los votos sanos del electorado que se niega a participar en las elecciones.

Bogotá es el mejor ejemplo de las funestas consecuencias que padecen sus habitantes por la falta de compromiso. Varios alcaldes electos han fracasado y perjudicado a la ciudad y a su gente. Corrupción, mala administración, falta de conocimiento del manejo de una ciudad y muchas cosas más, han llevado a nuestra capital a un verdadero caos. Los responsables no son quienes votaron por esos alcaldes corruptos o incapaces. Los responsables son quienes no cumplieron con el deber de elegir al mejor de los candidatos que los hubo y muy buenos.

Ahora, en Colombia, tenemos que reflexionar para dónde vamos. Es que un gobernante elegido adquiere algún compromiso con quienes lo eligieron. El domingo pasado el presidente electo agradeció a una serie de grupos y personajes que, para mí, no ofrecen ninguna garantía. Además, hay una guerrilla fortalecida, porque hasta el domingo estaba en conversaciones de igual a igual con el gobierno legítimo. El domingo en la tarde sentí cierto alivio cuando el presidente Santos habló de unas posibles condiciones para el proceso de paz que se sigue. Me imagino que, por otro lado, la guerrilla no habrá recibido bien esa nueva afirmación.

Asistimos a unas elecciones en calma y normalidad desde el punto de vista del orden público pero, en cuanto a la transparencia, recibí algunos informes que dejan mucho que desear; me contaron que en Barranquilla iban por los abstencionistas que yo critico y los sacaban de sus casas para que votaran por determinado candidato. En Santa Fe de Antioquia, según otro informante, repartieron tamales y ciento cincuenta mil pesos por un voto comprometido. Pero eso, a estas horas, es llorar sobre la leche derramada.

Estaremos atentos a lo que sigue. Atentos al cumplimiento de las promesas hechas durante la campaña. Atentos a la orientación, con los nuevos amigos, que se le dará a la administración que empieza el próximo agosto.

Colombia cada vez más se debilita en sus valores democráticos. Ya no se enseña en los colegios lo que en mi época era Instrucción Cívica. Ahora los niños y los jóvenes no saben lo que significa la Patria (con mayúscula) y por esa razón, nada les importa.