Histórico

Lectores académicos, novedosos, taquilleros, interactivos y ocultos

Les pedimos a los libreros que dejaran de etiquetar y clasificar libros y lo hicieran, esta vez, con sus lectores.

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14 de septiembre de 2012

“El cliente de librería no es cualquier cliente”, asegura con convicción profunda Wilson Mendoza , librero con más de 20 años en el oficio.

Tipos de lectores hay tantos como literaturas. Les preguntamos, sin embargo, a cinco libreros de la Fiesta del Libro cuáles reconocen. Avezados, coleccionistas y hasta secretos, estos son los que identificaron.

1. Exhaustivos, expertos: los académicos
Son los motores principales de la industria editorial científica e independiente. Juan Fernando Orozco, de Ícaro Libros, asegura que estos “tienen un poco más de exquisitez en la escogencia de sus libros”.

2. A la vanguardia literaria:  el novedoso
Llegan preguntando por el último lanzamiento, el más raro, el libro que nadie tiene aún. “Ese tipo de lector va buscando la temática que sigue”, comenta Rubén Vasco, del Fondo Editorial Eafit.

3. De best sellers y el cine: los taquilleros
Para Esair López Cartagena , de la Librería Nacional, son principalmente jóvenes buscando letras de acción y suspenso. Son lectores que llegan a la literatura gracias a sagas cinematográficas como Crepúsculo, Harry Potter, Juego de tronos o Juegos del hambre. “Le dicen a uno que es mejor leerse el libro que verse la película porque a esta le sustraen muchas cosas que tiene el libro”.

3. Curiosos, inquietos: los interactivos
Saben que los libros no solo se pueden leer. También se dejan oler, tocar, ojear... Con este tipo de público está en contacto permanente David Rua , de La madriguera del conejo. “Qué es esto, qué es lo otro. Preguntan harto y empiezan a mirarlo, acá en este estand hay una interacción muy fuerte con los libros”.

4. reservados, anónimos:  los secretos
Además de cómplices en la lectura, los libreros son como confesores. “En la relación de cliente y librero se guardan secretos”, afirma Wilson Mendoza , independiente que aprendió el oficio en las librerías de las universidades Eafit y la de Antioquia. Revela que en esta categoría no solo están los que leen literatura erótica -tantas veces a escondidas- , también los que públicamente son hombres de ciencia pero buscan respuestas insospechadas en el esoterismo.