Histórico

Libertad: ¿una utopía esquiva para Libia?

LA BÚSQUEDA DE igualdad liderada por un militar libio hace cuarenta años, se transformó para miles en una pesadilla que los llevó a derramar sangre de nuevo para reivindicar sus derechos.

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27 de agosto de 2011

Seis meses cumplieron las marchas en contra del presidente libio Muamar el Gadafi. Los rebeldes cuentan desde hace meses con la ayuda de las fuerzas de la Otán, pero aún no logran dar con el paradero del dictador.

Si bien han conquistado ciudades que antes fueron consideradas bastiones de las fuerzas leales, a través de violentos combates, y el Consejo Nacional de Transición se apropia cada vez más de sus funciones en ese país, la situación humanitaria se recrudece y el caos sigue reinando por las calles de Libia.

Ante el incierto panorama surge la pregunta de por qué la libertad es tan esquiva para Libia, pese a los esfuerzos de la población rebelde y la comunidad internacional por derrocar las fuerzas del régimen y establecer la democracia.

Mahmoud Jibril, jefe del gobierno que espera ser reconocido, mencionó en una visita a Turquía, un factor que, en primera instancia, podría explicar la lejana posibilidad de libertad para el pueblo libio: los recursos.

El líder señaló que es urgente "establecer un Ejército, una poderosa fuerza policial, para satisfacer las necesidades del pueblo. Necesitamos capital y necesitamos los activos".

En segundo lugar aparece el reconocimiento. Si bien muchos estados africanos han reconocido al Consejo Nacional de Transición, la Unión Africana no lo hará mientras continúen los enfrentamientos. Así lo dijo el presidente sudafricano, Jacob Zuma, un abierto defensor de Gadafi, después de una reunión en la que la Unión Africana pidió a todas las partes del conflicto que negocien la paz y trabajen juntas por la democracia.

Mientras tanto, y he aquí el tercer factor, las luchas internas siguen sin control. Hay temores de que el conflicto de Libia se desborde a regiones remotas de Malí, Níger, Chad y Mauritania.

Argelia, por su parte, ha dicho que cree que el caos dentro de Libia, y las grandes cantidades de armas que circulan en el país, ya han sido explotadas por la rama de Al Qaeda del norte de Africa.

El lograr el control del puesto fronterizo de Ras Jdir, sin embargo, reabre un camino para la ayuda humanitaria y otros suministros de Túnez a Trípoli, donde las medicinas y el combustible son escasos.

"Los revolucionarios controlan la zona, pero no hay servicios, agua ni electricidad", dijo a Reuters Abdul Qader, quien huyó desde Abu Salim en la capital.

Sin embargo, treinta y dos barcos con todo tipo de suministros, como combustible, agua, alimentos y medicamentos se encontraban ayer fondeados en el puerto de Trípoli esperando para atracar, según pudo comprobar Efe.

Los responsables de la estabilización de Trípoli aseguraron a un grupo de periodistas que estaban preparados, incluso, para el peor de los escenarios, como que el coronel Muamar el Gadafi hubiera volado las instalaciones y las infraestructuras esenciales.

Las embarcaciones estarían cargadas con ayuda internacional, entre ella española.

El último factor que influye para que a Libia se le escape la libertad, dicen los entendidos, es la falta de comunicación entre las facciones rebeldes.

Aunque los líderes están decididos a mostrar que están a cargo, las estimaciones varían sobre cuándo el CTN trasladará formalmente su sede desde Bengasi hasta Trípoli. "Hemos venido a operar el país. Ahora somos la autoridad legal", declaró Mohammed al-Alagi, un abogado que ha sido el ministro de Justicia del CTN durante varios meses.

Los líderes del CTN han hecho hincapié en que quieren trabajar con otros grupos rebeldes que se alzaron posteriormente en el oeste del país, así como con aquellos que anteriormente respaldaron a Gaddafi.

La pregunta hoy es cuándo tendrá final la pesadilla que, para muchos, inició hace 42 años, cuando Gadafi llegó al poder con la conciencia de que las riquezas de su país eran motivo de enorme discordia entre las potencias del mundo.

El Gobierno interino se enfrenta al reto de estabilizar el orden social y reactivar la economía, en días en los que los bancos permanecen cerrados, escasean los víveres, las calles están llenas de cadáveres y el riesgo de una nueva insurgencia leal a Gadafi es permanente.