Libros, Uribe y sueños
Hace poco tuve un sueño que curiosamente se dio justo después de leer un librito de ensayos de Ricardo Piglia que se llama "El último lector", y una serie de artículos en diarios virtuales sobre el presidente Uribe, los uribistas y la reelección.
En el sueño estaba en la banca de un parque cuando de repente se me acercó un hombre que nunca antes había visto y sin mayores preámbulos empezamos una amena discusión sobre un libro que ambos leímos casualmente. Lo interesante es que a lo largo del diálogo ninguno de los dos trató de imponer sus puntos de vista, al contrario, cada uno escuchó al otro y se sorprendió incluso con aspectos que desde su lectura, desde su posición como lector de un tiempo y de un instante, no había reparado. Y hago énfasis en esto porque mientras hablábamos, el libro leído, a veces, nos dio la impresión de que no era el mismo porque mi interlocutor vio cosas que yo no vi y viceversa, cosas que incluso darían para construir otra historia partiendo de uno o dos elementos comunes. "Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer no siempre el que tiene mejor vista lee mejor", me llegó la frase de Piglia mientras en el sueño los dos nos quedamos en silencio, felices de no pensar igual sobre lo mismo.
De repente en el sueño, me veo en un café con otra persona a quien trato como si fuera mi antiguo interlocutor, así no lo sea, y él, así no me conozca, me escucha como si me conociera, cosas de los sueños. Sin ningún contexto ni preámbulo, sin saber su afinidad política ni su pasado, le digo que los uribistas, especialmente los que apoyan la reelección infinita, no son buenos lectores. Mi interlocutor no dice nada. Imaginando que espera mi argumentación, de inmediato le digo que no son buenos lectores porque a todos, o esa es la impresión que dan, les gusta lo mismo (en asuntos políticos, aunque viéndolo bien en muchas otras cosas también) y quieren que el resto pensemos igual porque "si no es Uribe entonces quién", dicen. Mi interlocutor no responde. Llego a la conclusión de que no es reeleccionista porque si lo fuera lo más probable es que no me hubiera dejado terminar la frase.
Para no abusar del silencioso hombre le digo que si los uribe-reeleccionistas leyeran tendrían una mente más amplia, una visión más abierta de las cosas, serían capaces por lo menos de debatir sin conclusiones previas, estarían dispuestos y abiertos a escuchar otras opciones. Le digo que en estos tiempos donde se quiere entender lo mismo o seguir al mismo, valdría la pena leer más para pensar distinto.
Leer hace que otras conexiones sean posibles. El hombre desaparece de repente. Cuando me despierto pienso: "ahora sólo falta que los uribe-reeleccionistas digan que a ellos les gusta releer". ¡Al diablo con eso!