Histórico

Lina Moreno ya se siente livianita

TRAS OCHO AÑOS en la Casa de Nariño, la primera dama espera con ansia el momento de volver a la forma de vida que ha amado.

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24 de julio de 2010

Misteriosa. Cargada de pensamientos profundos. Con un bajo perfil según la opinión de muchos, pero llena de sabiduría práctica, de región y de conocimiento.

Así es Lina Moreno de Uribe, la esposa del presidente Álvaro Uribe Vélez, quien, desde un principio, hace ocho años cuando llegó a la Casa de Nariño, rechazó el título de Primera Dama consecuente consigo misma.

Aterrizada, con los pies muy bien puestos en la tierra como Darío Moreno, su padre, de quien heredó una alta escala de valores morales y con quien comparte ese amor por las matas, por la naturaleza, por el olor de la tierra al despuntar el día.

Una tierra que adora, la de su casa en Rionegro, en el Oriente Antioqueño, donde la costura de tercero elemental que le enseñaron las monjas del Sagrado Corazón, -esa que se hace con tamboras-, la entretiene y relaja.

Una tierra donde se mueve como pez en el agua, donde le encanta salir a ver ventanas "añejadas" por los lados de Gualanday, a tomar un café o a salir a mercar, y a la que pronto regresará.

En entrevista con EL COLOMBIANO, doña Lina comparte su opinión de su paso por la Casa de Nariño, lo que le gustó, los lugares que más le encantaron, así como lo que planea hacer después del 7 de agosto.

¿Qué fue lo mejor de esta experiencia en la Casa de Nariño?
"El encuentro con tantos hombres, mujeres, niños y niñas que con sencillez y generosidad me acogieron, una y otra vez, en todos los municipios de Colombia".

¿Y qué fue lo menos bueno?
"Mi respuesta a esta pregunta tiene dos aspectos: el primero, desde el punto de vista de "primera dama", fue la impotencia que sentí en muchas ocasiones para lograr encontrar las soluciones, al menos en parte, de los problemas que me presentaban las comunidades; el segundo, desde el punto de vista personal, las murmuraciones y la malquerencia de una parte de nuestra sociedad".

¿Cómo era un día en la vida de la Primera Dama?
"Me levantaba muy temprano, luego de bañarme, vestirme y desayunar bajaba a la oficina para atender los asuntos y los compromisos programados para la mañana; después del almuerzo, volvía a la oficina para terminar con los deberes del día; en la noche comía algo ligero, conversaba con mis hijos y con Álvaro y me acostaba a dormir. Esto si no había algún viaje programado, lo cual sucedía en muchísimas ocasiones, o compromisos que me llevaran fuera de la Casa de Nariño".

¿Qué consejo le daría usted a la próxima Primera Dama?
"Ninguno".

¿Pudo seguir desempeñándose como la señora de la casa o debía delegar estas funciones?
"He seguido siempre desempeñándome como "señora de la casa" en la mía, en Rionegro. La Casa de Nariño no fue nunca mi casa, y por eso en ningún momento me sentí su "señora"; señoras y señores son quienes con amor, delicadeza y profesionalismo desempeñaron los quehaceres domésticos durante el tiempo en el que yo fui su huésped".

¿Cómo le fue con el manejo del protocolo?
"Hice lo mejor que pude y no tuve quejas de quienes, por su cargo u oficio, compartieron conmigo sus exigencias".

¿Aprendió mucho de política?
"Supongo que sí, si por política quiere decir las dificultades por las que atraviesa el gobernante entrelazadas con los imaginarios que se tejen en torno al poder".

¿Cómo se ve el país desde el interior de la Casa de Nariño?
"No lo sé, porque yo no lo vi desde la Casa de Nariño. Lo vi en mis viajes a los municipios, en mis visitas a fundaciones, en mis participaciones en foros, en las conversaciones con todo tipo de personas, en el abrazo de un niño y también, cómo no, en los rumores y en las consejas".

¿Cree que extrañará algo?
"No voy a extrañar nada, porque lo más importante va conmigo: mi familia, mis amigos y amigas, y tanta gente que me rodeó con bondad y desinterés".

De manera callada usted colaboró con muchas obras sociales. ¿Le gustaría seguir con este trabajo?
"Sí, aunque como usted comprenderá, todavía no sé cómo".

De los viajes que pudo hacer hacia el interior del país, ¿cuál fue el lugar que más le gustó y por qué?
"Éste me gustó por su paisaje? aquel me gustó por su comida? el de más allá me encantó por eso? el que visité hace un año se me hizo inolvidable por lo otro? los lugares, como las personas, cargan con su propia particularidad, y compararlos o sobreponerlos es arruinar sus diferencias".

¿Qué fue lo que más extrañó durante estos ocho años?
"Se me ocurre la casa en Rionegro, la vida en torno al padre, al esposo y a los hijos, la alegría de reuniones familiares y amistosas, cocinar, alimentar a las gallinas y desyerbar, no estar en la "picota pública?".

¿Tuvo tiempo para recrearse, como tanto le ha gustado, con la lectura? o ¿planea desquitarse ahora?
"Sí, leí bastante literatura y disfruté de hermosas películas, y después del 7 de agosto seguiré leyendo e iré al cine".

¿Ha pensado en escribir las memorias de esta etapa de su vida?
"Lo he pensado a veces, y hasta hay quien me lo haya propuesto, pero no sé si alguna vez lo haré".

Supe que no perdió el gusto por cocinar. ¿Es verdad que ahora quiere aprender más sobre panadería?
"Sí, y no sólo panadería; todo lo que pueda aprender sobre el arte de la culinaria será siempre bienvenido".

¿Le siguen gustando las antigüedades?
"Me siguen gustando, como creo que nos pasa a todos, los objetos; y entre los que me gustan los hay antiguos y los hay modernos".

¿Qué es lo primero que le gustaría hacer una vez termine la transmisión de mando?
"Quitarme los zapatos".

¿Qué significa estar de regreso en casa?
"Volver a la forma de vida que he amado durante muchos años".

Faltan pocos días para el relevo presidencial. ¿Se siente livianita?
"Sí".