Histórico

Lo bueno, lo malo y lo feo

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20 de diciembre de 2008

Estamos a punto de decir ¡chao, 2008! y medio mundo hace balances e inventarios de todo. Dice un amigo que "las listas de los mejores o peoresx,y , oz del año solamente reflejan el gusto, o mejor, el sesgo personal de cada uno". Tiene razón, pero no me aguanto las ganas de hacer la mía, con sólo tres viñetas, de lo bueno, lo malo y lo feo de Colombia, entre muchísimas opciones, durante este año que termina.

Lo bueno: la liberación de los secuestrados, sin duda. Y el negociazo que representó este hecho para las casas editoriales, que se "papiaron" por cuenta de ellos.

Lo malo: la bobada de los que invirtieron en las tales pirámides y la ambición les rompió el saco. Me cuesta entender el embrollo de DMG y DRFE, más lo que se genera a su alrededor, pese a que me lo han explicado hasta con plastilina. No concibo que las víctimas defiendan con pasión a su verdugo. Ni que el director de un gremio, sensibilísimo él, pida juguetes para los hijos de los que se dejaron enredar en el hilo de los estafadores y se comieron toda la carreta. Ni que Antonio Navarro inicie una huelga de hambre para exigirle al gobierno, así por las buenas, que devuelva inmediatamente los dineros a los que cayeron en desgracia por su propia voluntad. Ni que algunos gobernadores de los departamentos del sur del país pidan que el cuatro por mil se extienda para subsidiar a los insaciables del dinero fácil. Sólo faltaba que de la lánguida figura de David Murcia Guzmán hiciéramos otro ídolo de barro, como si no hubiéramos tenido suficientes.

Y lo feo: los ex secuestrados, hayan sido liberados, rescatados o fugados, que les dio por escribir un libro contando su odisea, desde el primer día hasta el último, con leves variaciones. Empezó Pinchao y siguieron el ex canciller Araújo, Luis Eladio y Lizcanito, que yo sepa. Antes de que me tilden de desalmada aclaro que marché por ellos y que bailé en una pata de la dicha cuando regresaron, pero eso no me cierra los ojos. Me parece que están abusando de su condición de víctimas y que, excepto los militares, pero incluida Íngrid, que no ha tenido tiempo de escribir porque vuela por el mundo recibiendo premios que muchos no justifican, se han vuelto tan hostigantes como una hamburguesa con triple porción de tocineta. Y algunos de sus parientes también, porque encontraron en su desventura la oportunidad perfecta para hacer dinero. ¿O qué justificación tiene la señora de Géchem para ventilar los pormenores de su separación al pedacito de país que lee? Esas intimidades se le cuentan a la prima confidente y a las amigas del costurero, no más. Qué bueno que pudieran reiniciar su vida normal sin tanta alharaca.

La lista podría ser interminable, pero el espacio no. Cada quien puede agregar lo bueno, lo malo o lo feo, siempre con un interés más propositivo que crítico. Están invitados.