Histórico

LO BUENO NO ES TAN CLARO

Loading...
20 de octubre de 2012

“Lo que es bueno para Claro, es bueno para 34 millones de colombianos”. Así reza una cuña publicitaria, otra de las tantas engañosas del país.

Pero parece ser que lo bueno es solo para Claro y su propietario, Carlos Slim , el hombre más rico del planeta, quien se ‘embolsilla’ cada año cerca de tres billones de pesos colombianos.

Su empresa controla el 80 por ciento de los minutos salientes de los celulares del país. Este gigante de la telefonía celular mantiene a Colombia como el segundo país donde existe una concentración dominante, después de México, de donde es oriundo Slim.

Un monopolio en este sector tiene graves consecuencias, sin embargo, la situación se sigue prolongando. La Comisión de Regulación de Telecomunicaciones (CRT) declaró, en el 2009, que Comcel -hoy Claro-, tenía una “posición dominante en el mercado”. El llamado de atención parece haberse colado ante la vista gorda del Gobierno.

Paradójicamente, en Perú está pasando todo lo contrario, pues Claro está en el tercer lugar en el mercado y está pidiendo a gritos que se regule. En todos los países las utilidades que da el sector de la telefonía celular son una gustosa tajada económica.

Si el Estado no regula el crecimiento desmesurado, empresas de este tipo seguirán abusando cada vez más. Por ejemplo, el usuario hace una llamada desde Claro a otro teléfono Movistar y el costo es cuatro veces más del valor de una llamada a otro teléfono Claro. Por ello es mejor que el usuario se pase a ese mismo operador.

Como si fuera poco, ahora les están subiendo las tarifas en un 800 por ciento a los usuarios por los servicios bancarios asociados a la telefonía celular. Los bancos, que no son bobitos, trasladarían ese sobrecosto al cliente. Es lamentable que el severo Estatuto del Consumidor se haya quedado corto.

Pero si bien Claro está en el podio, operadores como Tigo y Movistar no es que sean angelitos. También cobran por minuto, cuando debería ser por segundos. La razón: “así nació la telefonía móvil en el país y cambiar eso implicaría muchas inversiones”. ¿Acaso las astronómicas utilidades que se llevan a otros países no son suficientes?

Otro ingrediente que preocupa es el servicio técnico. Si a usted se le cae una llamada, tanto esa como los otros intentos que haga se las cobran por minuto, así solo hable 3 segundos. A los usuarios de Claro en Medellín se les cae el 10 por ciento de las llamadas. Haga las cuentas amigo lector: cuántas llamadas al mes se caen y cuántos millones de pesos representan para ese operador.

Ahora andan cogidos del pelo por apropiarse del servicio de 4G, la más reciente generación de telefonía móvil, que permite a los celulares tener internet de banda ancha, algo así como recorrer en carro una vía destapada y llegar a una doble calzada totalmente pavimentada. Claro ya afiló sus garras, pues ese sería el negocio del mundo. Con razón el magnate Slim visitará Cali, justificando su asistencia a un evento, cuando en realidad busca hablar con el presidente Santos.

El gran emporio de Claro no es por méritos empresariales ni eficiencia, es la falta de políticas públicas contundentes del Estado que defiendan al consumidor. Mientras tanto, lo que dicen bueno para los 34 millones de colombiano, será exorbitantemente bueno para un magnate como Carlos Slim n