Histórico

Locura nacionalista cogió cola

LOS FERVOROSOS HINCHAS del Nacional buscaban ayer una boleta, acompañados de sol canicular y paciencia. La Policía controló hasta con caballos. Las filas se parecían a las de Juegos Suramericanos.

10 de junio de 2011

Las filas eran tan largas que se parecían a las de los Juegos Suramericanos.

La fervorosa hinchada verdolaga quería tener la boleta en sus manos a como diera lugar.

Unos llegaron con tanta anticipación como Jorge Hernán Soto, un vendedor independiente quien hizo cola desde las 7:00 de la noche del jueves, siendo el primero en comprar sus dos boletas de reglamento (ambas de Oriental) en el expendio del diamante de béisbol.

Eran filas interminables de gente en varios puntos de la ciudad. Una prueba a la paciencia y mucha fe de los que estaban en ellas, con tal de tener el tiquete que posibilitara el ingreso para el partido del sábado venidero del Nacional ante Equidad, en la final-final.

"Poder ingresar al partido de la final, es como tener un hijo. Tanta emoción no aguanta explicación, porque es más lo que se siente, que las mismas palabras".

Laura Maya, una estudiante que está de vacaciones, con la única camiseta verde de rayas que posee, había llegado a las 7:00 de la mañana y a las 4:00 de la tarde no había podido reclamar el boleto "a la gloria".

Igual suerte corrían sus catorce compañeros de aventura, quienes se lamentaban del ingreso de "mucha gente por delante de nosotros", cuando eran las 2:00 de la tarde.

Al lado de Laura estaban Sara Maya, Cristian Jiménez, Natalia Marín y Juan Camilo Cano, algunos de sus allegados que aguantaron de forma estoica ese sol de justicia que acompañó la dura jornada en una cola que se iniciaba en la piscina de subacuáticas y que iba a dar casi hasta la calle Colombia.

Para ellos, la fila se movía lenta; era una especie de informe culebra ralentizada, repleta de un mar de sudores, gritos y estribillos, todos del verde, mientras la Policía controlaba, imponía respeto y creaba el orden con sus caballos, las vallas que resultaban insuficientes, el Esmad y hasta el carro antimotines... como si por las moscas.

A pocos metros de allí, en el diamante de sóftbol era más de lo mismo, pero con una fila menos paquidérmica y compleja, que por fortuna se movía, para quienes iban por las boletas de Sur y Norte, donde los muchachos que asisten a estas tribunas lo único que deseaban era salir pronto de allí, para meterse rápido los tiquetes dentro de los bolsillos, en la billetera o... en los calzoncillos, porque al fin y al cabo ese papel era un tesoro en medio de un gentío que hizo recordar las largas filas de los Juegos Suramericanos, pero esta vez era fútbol, para ver al verde, y pagando.