Los aguarda el implacable frío glacial
Tras sucumbir en 2012 a la montaña más fría del mundo, los expedicionarios colombianos reanudan el desafío de conquistar el Monte Mackinley.
Dos años atrás, "las condiciones y el clima no nos permitieron alcanzar la cumbre", relata Marcelo Arbeláez, aún con tristeza. El frío, que alcanzaba las insospechadas cifras de 40 grados centígrados bajo cero en pleno verano, las nevadas y las tempestades que se hacen agresivas, impidieron que un grupo de escaladores colombianos llegara a la cima del monte McKinley.
Con 6.194 metros de altura es el pico más alto de Norteamérica y el más frío del mundo. También se denomina Denali -el más grande, según la lengua nativa de los esquimales- y está ubicado en Alaska, a tan solo 3 grados al sur del círculo Polar Ártico.
Su ascenso supone dificultades extremas a pesar de no ser uno de los 100 picos más altos del mundo. La montaña se encuentra totalmente cubierta de nieve y hielo.
Y hasta allá, los persistentes expedicionarios colombianos, incluidos Arbeláez, aguardan volver. De hecho hoy es el inicio de la nueva aventura.
La llamada Expedición el Monte McKinley-Denali permite avanzar en el propósito de hacer del "sueño de uno", el "sueño de todos". Y el principal objetivo es que el manizaleño Nelson Cardona sea el primer latinoamericano que, con su prótesis, alcance las cumbres más altas de cada continente.
"Él quiere transmitir a Colombia y al mundo que cuando la disciplina y la fuerza del corazón se juntan en la cabeza de un soñador, el resultado trasciende las fronteras de lo extraordinario, de lo fantástico y se convierte en un referente", señala Carolina Garzón, integrante del proyecto Expedición Mckinley Denali 2014.
"Se quiere mostrar al mundo que los colombianos nacimos para hacer cosas grandes, y que somos un país que convierte las dificultades en oportunidades, somos una sociedad con fuerza, razón, amor y grandes objetivos".
Sin embargo, cuentan quienes han intentado coronar la cumbre que además de una preparación exigente se necesita una mentalidad firme para no decaer ante las grandes dificultades.
"Durante casi todo el recorrido hay mucho viento y su furia acompaña desde los campamentos es increíble. Experimenté temperaturas muy drásticas de súper frío y de mucho calor al mismo tiempo", relata la costarricense Ghinet Soto.
Pero, igual, explica, no todo el panorama es aterrador. "Tuve la oportunidad de ver algo inolvidable una noche a eso de las 12:00 horas, cuando apenas el sol se estaba ocultando. Era como un atardecer de media noche, y luego en solo varias horas vimos el amanecer y el sol salió de nuevo. Fue algo increíble, aunque no oscureció, la noche era súper calmada no había viento ni nieve; solo podíamos escuchar el sonido de los crampones cuando caminamos en el hielo". Según su historia, parecía como una postal o un sueño, confirmando que no todo allí en el Mckinley es un infierno