Histórico

Los muertos que ganan batallas

09 de mayo de 2011

En la isla de los hermanos Raúl y Fidel Castro la oposición logra más cosas después de que sus líderes dejan de respirar. Un muerto vale más que un vivo cuando se critica a los dictadores cubanos y es una realidad de a puño que no por real deja de ser alarmante y vergonzosa.

El 23 de febrero del 2010 el cubano Orlando Zapata murió tras una intensa huelga de hambre de 80 días y el eco de su fallecimiento fue seguido por un torbellino de acusaciones internacionales contra el gobierno cubano que obligó a La Habana a hacer algunos cambios y otorgar la libertad a varios presos políticos que estaban tras las rejas por opinar diferente. Su muerte parece que ahora se replica, aunque con características diferentes.

En la madrugada del pasado domingo el opositor Juan Wilfredo Soto García murió en un hospital del régimen tras una brutal paliza propinada por la policía a las órdenes de los Castro y con solo dos días de enterrado ya se empieza a dibujar como un nuevo símbolo de la barbarie. Un mártir al igual que Zapata.

Soto García estaba en un parque cuando fue abordado por un grupo de policías que lo esposaron por desobedecer las órdenes de evacuar el lugar y posteriormente le dieron tantos puntapiés como les fue posible. Soto duró tres días en el hospital y fue declarado muerto por "pancreatitis". La oposición dice que fue resultado de los golpes.

Guillermo Fariñas, el otro disidente que llevó su huelga de hambre al extremo y bailó con la muerte por 134 días sin probar bocado, despidió en el entierro a Soto y aseguró que su muerte es otro asesinato del gobierno. Las cadenas de noticias internacionales, los periódicos de medio mundo y los cada vez más poderosos tweets, replicaron a una velocidad asombrosa la información de la muerte del opositor. La presión empieza a caer sobre los veteranos dictadores.

Sería iluso decir que son estas muertes las que acabarán con la dictadura más larga de América. De otro lado, justificar el fallecimiento de estos dos hombres por los cambios que han propiciado y van a propiciar, es repugnante. Sin embargo, es innegable que la comunidad internacional solo parece reaccionar de manera conjunta tras cada violación extrema de los derechos humanos cometida en la isla.

Juan Wilfredo Soto García es ya un nuevo mártir de la oposición. Solo en el entierro se congregaron 80 disidentes que gritaron consignas contra la revolución y la brutal represión. La policía, vigilante, les impidió alzar el ataúd para evitar una procesión que trajera más fuerza política que un simple entierro.

"Zapata vive", "Abajo Fidel", "Abajo Raúl", fueron las frases de una ceremonia cargada de política que tiene más eco afuera que dentro de Cuba.

Aunque parezca increíble, son muchos los cubanos que no conocen estos casos de maltratos y huelgas de hambre. El gobierno impide su difusión o distorsiona la verdad. Pero en el exterior la recepción es distinta y muchas cosas quedan claras. Quizá la más contundente es que cuando las puertas de la diferencia de pensamiento han estado cerradas por más de cinco décadas y el unanimismo es la forma de sobrevivir, la muerte se ha convertido en el último grito de inconformismo. Eso pensó Zapata y lo expuso al máximo, muriendo, y eso lo logró Soto a pesar de que su asesinato llegó en las patadas policiales.