LOS REPUBLICANOS SE ADAPTAN A SU CONDICIÓN MINORITARIA
Los republicanos abandonaron Washington este fin de semana para hacerle lugar a la multitud de cientos de miles de partidarios de Barack Obama, que este lunes festejaron el inicio del segundo mandato del presidente número 44. Pero antes de desaparecer temporalmente, los republicanos celebraron un seminario en Williamsburg, Virginia, la capital de la época colonial.
El objetivo era acallar las divisiones surgidas cuando el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, tronó contra sus correligionarios que se negaron a aprobar la ayuda de urgencia a las víctimas del huracán Sandy.
Se trató también de reflexionar en su estrategia como partido minoritario que en noviembre no pudo conquistar ni la presidencia ni el Senado, aunque retuvo las riendas de la Cámara de Representantes, cuerpo que tiene el control del presupuesto.
Después de varias semanas de negarlo, al parecer los legisladores republicanos acabaron por darse cuenta de la realidad: Barack Obama ganó las elecciones del 6 de noviembre y tiene el derecho de nombrar a quien le plazca en su gabinete y en su gobierno.
El partido renunció a la gran batalla que quería librar sobre el incremento del tope de la deuda, que habrá de discutirse antes de mediados de marzo: las consecuencias de un nuevo enfrentamiento en Washington, comparable con el que hubo a fines de diciembre, pondrían nerviosos a los mercados financieros.
Al término del evento, uno de los extremistas de la Cámara, el representante de Virginia Eric Cantor, uno de los "jóvenes turcos" con los que cuenta el partido para su refundación, publicó un breve comunicado para anunciar que los republicanos no tenían la intención de usar la deuda como medio de presión sobre el gobierno para obtener reducciones de gastos. Pero no aceptaron aprobar el incremento del tope de la deuda más que por tres meses, precisó, pues eso les permite conservar cierta palanca. Los republicanos esperan reemplazar su actitud de "partido del no" por un desafío lanzado a los demócratas, el de adoptar un presupuesto que ofrezca una reducción del déficit.
La entrada en funciones del nuevo Congreso dio lugar a un debate en el seno del movimiento conservador para explicar las causas de su derrota en noviembre: ¿Fue un rechazo de su estrategia electoral o de las ideas defendidas por los candidatos?
Los comentaristas republicanos, cada vez más alejados de la base populista de la Fiesta del Té, han publicado artículos feroces sobre el déficit y los temas sociales, conminando a los legisladores a entrar en razón. "¿Acaso los republicanos realmente creen que cualquier persona debe poder comprar cualquier arma, sin importar dónde ni cuándo?", se pregunta el opinólogo conservador Frank Luntz en las páginas del Washington Post. "Si lo creen así, están del lado de menos del 10 por ciento del país".
El exsecretario de la Defensa Colin Powell lamentó que "la veta negra de la intolerancia" siga recorriendo al Partido Republicano. Charles Krauthammer, influyente articulista del Washington Post y halcón como el que más, les aconsejó a los republicanos que dejen de hacer obstrucciones: "No se puede gobernar con una sola cámara".
El exrepresentante Joe Scarborough consideró que el partido debía dirigirse a la clase media. Reconoció que su partido perdió a su electorado. Los republicanos tienen 33 asientos más, pero "fue la nueva traza de los distritos lo que nos dio la mayoría", reconoció. Según los resultados definitivos, los republicanos recibieron 1.3 millones de votos menos que los demócratas.
Pero la base activista ve con malos ojos que su partido renuncie a seguir bloqueando el programa del presidente Barack Obama, utilizando como palanca el incremento del tope de la deuda. El sábado pasado, miles de personas participaron en la jornada llamada "de gratitud hacia las armas de fuego", organizada por los grupos de presión de la industria de las armas de fuego.
La perspectiva de que el gobierno decomise las armas es considerada como una verdadera amenaza por muchos sectores. Por lo demás, 64 por ciento de los simpatizantes del Partido Republicano creen que Obama "pudo no haber nacido" en Estados Unidos, lo que demuestra, por si hiciera falta, que la elección y la reelección de un presidente afroamericano no han sido plenamente aceptadas por todos.