Histórico

Los vientos de cambio de Santos

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09 de agosto de 2010

Tuve que esperar hasta el final del discurso del presidente Santos para encontrar una alusión amable a Uribe Vélez. Fue un homenaje protocolario en el que se aludió con palabras elogiosas al legado del mandatario saliente. El noventa y nueve por ciento del discurso restante fue para plantear un rumbo distinto al recorrido en los dos mandatos de Uribe.

Es muy probable que los partidarios más fieles a Uribe no vean certeza en esta afirmación. Quizás sientan que es un abuso sacar esta conclusión. Pero quiero pedirles que lean con mucha atención la alocución de Santos y verán que en todos los terrenos marca distancias con el gobierno saliente.

No se esperaban muchos cambios en la orientación económica. Sin embargo, le dedicó buena parte de su intervención a proclamar su lucha contra la pobreza y su compromiso con los pobres, a señalar que el campo y los campesinos serán una prioridad, a cuestionar la enorme brecha que existe entre los grandes centros urbanos y la periferia del país.

Fue una crítica abierta a la iniquidad social que ha crecido de manera infamante en los últimos años a pesar de la gran expansión económica que vivimos especialmente en los años 2005, 2006 y 2007. Fue el reconocimiento de que aún en el ciclo expansivo no pudimos reducir a un dígito el desempleo y la distancia entre el campo y la ciudad se agrandó.

Tampoco se esperaba que se anunciara un viraje tan espectacular en las relaciones internacionales. Hablar de restablecer inmediatamente las relaciones con Venezuela y de entregarle a Ecuador los computadores incautados a Raúl Reyes después de la ceremonia de posesión fue una sorpresa.

El presidente Uribe había dedicado sus últimos días de mandato a procurar que la tensión con el presidente Chávez continuara y se había negado a entregar la información recogida en el ataque a Angostura al gobierno ecuatoriano. Santos decide el mismo día de la posesión generar un nuevo ambiente con los vecinos y ha logrado que del otro lado le respondan con la misma moneda.

Chávez no dejó que pasara un solo día para definir que vendría a Colombia a restablecer las relaciones. Correa ya tiene en sus manos los computadores y se apresta a acelerar la normalización de la convivencia entre las dos naciones.

Pero ya Santos había dado puntadas más allá del restablecimiento de las relaciones con los vecinos más cercanos. La gira que hizo por los países europeos y por algunos países de América Latina en el interregno entre su elección y su posesión quería señalar que el gobierno entrante tendía a diversificar nuestra política exterior y a buscar la integración con la región suramericana.

Santos abrió la posibilidad de unas negociaciones de paz con las guerrillas. Este es un cambio importante en el manejo del orden público. Durante ocho años estuvimos en una sola dirección: buscar la destrucción de las guerrillas por la vía militar. Ahora, sin dejar para nada la presión armada sobre los grupos ilegales, se dice que las puertas del diálogo no están cerradas con llave.

Con estas palabras respondió al mensaje que alias Alfonso Cano difundió hace algunas semanas, proponiendo unas conversaciones de paz y respondió igualmente a declaraciones del Eln en el mismo sentido. No fue una respuesta exenta de condiciones. En el discurso, Santos insistió en el abandono del secuestro y la extorsión, el fin del reclutamiento de los menores de edad y en la dejación definitiva de las armas.

Quiere asegurarse de que no se repetirán las negociaciones que se adelantaron en el Caguán. Quiere ganar la confianza de la ciudadanía para adelantar unas conversaciones que no serán fáciles. Quiere ensayar un camino distinto para la reconciliación del país.

Estoy hablando del discurso, estoy hablando de unas promesas hechas en el momento de gracia del gobernante. En los meses y años que vienen sabremos si Santos será capaz de hacer honor a estas palabras y si es verdad que ha decidido tomar distancia del mandatario saliente. Pero en la posesión oí esto y vi esto.