Histórico

Luto en El Picacho por muerte de adolescente

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01 de febrero de 2010

Por el espacio que dejaron cuatro celosías que terminaron rotas en una escala de la entrada, se observaba la imagen de una Virgen.

La cortina, ya caída, dejaba ver una parte quemada. El olor también delataba que algo había sucedido, al medio día de ayer en una casa de El Picacho, parte alta, en la calle 103 B con la 84 A.

El humo dio aviso a los vecinos que acudieron a la vivienda de la adolescente de 14 años, para socorrerla.

Las primeras versiones de la comunidad, que se agolpó muy cerca de la cinta amarilla con la que acordonaron la casa, era que se trataba de un accidente con una plancha de cabello, pues la estudiante de séptimo grado se preparaba para ir al colegio, en Castilla.

Sin embargo, las autoridades presentes en el hecho investigan si se trató de un homicidio, pues no se encontraron muestras de un corto.

Los niños no se perdieron movimiento y convirtieron la escena en una romería, detrás de las cámaras de los medios presentes.

"Ella a veces me invitaba a almorzar, cocinaba papas con arroz y albóndigas. A veces hacía fríjoles o veíamos allá películas", narraron algunos de sus amigos.

Hombres y mujeres que compartían con la joven esta estrecha cuadra, decían una y otra vez, que se sentían "traumatizados", porque fue una muerte cercana, que pudo pasarles a sus propios hijos.

"El domingo estuvo en mi tienda. Bendito sea mi Dios, tengo dos niños y con esto que sucedió pienso en ellos. Cuando entramos para tratar de ayudarla, ya había fallecido", contó Nelson Jiménez.

Su hermano, que entraba y salía de la casa, recordó que era alegre, sociable, bajita, delgada, morena y con el cabello liso. Que incluso se había hecho un corte nuevo de cabello hacía unos 15 días.

"Estaba preparando la celebración de sus 15 años, que cumpliría el 18 de marzo. Nosotros hablábamos del viaje, que para Santa Marta o para San Andrés".

La adolescente que vivía con su papá, estaba sola en la casa en el momento en el que ocurrieron los hechos.

Cerca de las cuatro de la tarde, una vez se hizo el levantamiento, el olor a humo permanecía y los vecinos seguían reunidos comentando lo que había pasado.

Un niño de camiseta roja enrollaba la cinta amarilla. La cortina de la sala de la casa de la joven se movía por el viento. En la otra ventana, en la de su habitación, la Virgen seguía ahí, testigo de todo.