Histórico

MALDITA VIOLENCIA

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11 de mayo de 2014

A la gente buena la hace desear la muerte y el sufrimiento de otros. Siembra en los niños la semilla de la venganza.

Acaba con la capacidad del asombro. No deja que sintamos hasta la muerte de los que consideramos malos.

Le da dinero y prosperidad a mucha gente. El absurdo se vuelve corriente. Mueren tantos que nos cansamos de contar. Se gasta el dinero que necesitamos para construir el país que soñamos. Convierte los sueños en pesadillas.

Transforma a los niños, en un doloroso instante, en adultos. Gritamos cuando hay que susurrar.

Armamos las palabras. Conversamos con los puños cerrados. La mentira manda y cada uno aprende a construirla según su conveniencia.

Se cambia el mandamiento por "armaos los unos a los otros". Hace que amanezcamos cansados y nos acostemos exhaustos. Alimenta a reventar los noticieros sin dejar espacio para lo bello. Aumenta la vida de los gallinazos.

Hace próspero el negocio funerario. Hasta los curas hablan de matar. Se escuchan oraciones para que otros sufran y mueran.

Nos pone a desconfiar hasta de nuestros propios amigos y parientes. Obliga a los pobres a abandonar su tierra y a los ricos su patria. Nos encierra en cuatro paredes y no nos deja admirar el campo.

Nos hace insensibles, egoístas, calculadores, mentirosos, falsos y profanos. Corta las esperanzas y nubla el futuro.

Desarrolla la capacidad de producir lágrimas. Llena de creatividad al poder de destrucción.

Colma los templos para pedir cacao a Dios. Mete la culpa a Dios de la maldad que padecemos. Nos hace creer que Dios nos ayudará a ganarla.

Cierra nuestras mentes y nuestros corazones a la razón. Nos hace desear el mal ajeno para sentirnos mejor.

Divide las familias, las empresas, la patria. Limita la posibilidad de creer en algo y en alguien. Siembra en nosotros el desconcierto, nos desorienta, nos hace perder el rumbo.

Nos vuelve indiferentes ante todo. Nos obliga a buscarle sentidos a la vida en cosas que no tienen sentido. Nos disminuye la esperanza de vida y nos aumenta la posibilidad de muerte. Hace que los que escriben hablen de destrucción, dolor, desesperanza y tristezas.

Dejamos de admirar las cosas sencillas, la belleza de la gota de rocío, la infinita ternura de una luna enamorada. Hace cerrar las emisoras que pasan boleros. Hace que nos matemos sin sentido y nos odiemos sin razón. Disminuye la posibilidad de perdonar.

No deja que nos unamos en lo que estamos de acuerdo. No permite respetar las diferencias y aprovecharse de ellas para avanzar.

Nos hace intolerantes, histéricos, rencorosos y enfermos.

Niega la posibilidad de morir con una sonrisa en los labios, rodeados de amor. Hace de la muerte un peaje vergonzoso.

¡Maldita sea la guerra…