¡Manada de irracionales!
Tiempos de contradicción, el querer ser frente a lo que se es. La semana pasada la Agencia Internacional de Energía reveló un dato sobrecogedor: pese a negociaciones, acuerdos de todo tipo, así no hayan sido concluyentes, la concentración de CO2 en la atmósfera creció 5 por ciento en 2010.
La secretaria de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Christiana Figueres llamó de inmediato la atención: para detener una posible catástrofe mundial, ya no se hace imperativo fijar en 2 grados centígrados el máximo aumento de la temperatura global con respecto a la era preindustrial si se quieren evitar serios problemas, sino que se debe hablar de 1,5. El dato es aterrador, aunque para casi todos pasó desapercibido.
La Comisión Estratigráfica Internacional ha tenido en los últimos años un interesante debate: ¿es hora de declarar el fin del Holoceno, que lleva unos 11.500 años, y confirmar que hemos entrado en el Antropoceno, una época marcada por la inmensa transformación del paisaje y el globo por parte del hombre?
Obvio que tiene que haber transformación, pero lo que llama la atención es: ¿por qué tan negativa? A pesar de su inteligencia, que ha usado mejor a medida que avanza en conocimientos, lógico, el ser humano no ha sido capaz de determinar hasta qué punto debe modificar su entorno. De hecho, muchos de los problemas actuales provienen de esa incapacidad. No hay así mundo que aguante.
En una serie sobre el Antropoceno, presentada en Philosophical Transactions of The Royal Society , se extraen cifras sorprendentes.
De 1800 a 2000 la población creció de 1.000 millones a 6.000 (en solo 50 años pasó de 3.000 a 6.000), viviendo la mitad en centros urbanos, mientras el uso de energía creció 40 veces y la producción económica 50. La fracción de superficie terrestre dedicada a actividades humanas intensas pasó de 10 a 30 por ciento. El consumo de petróleo creció 3,5 desde 1960.
El viernes el profesor Luis Fernando Echeverri, de la U. de A., citaba que el mundo, por ejemplo, vive una escasez de plomo y se importan baterías usadas para extraerlo.
Aunque de 1970 a 2010 no hubo gran pérdida de biodiversidad, 8 de 10 indicadores están empeorando, entre ellos la reducción de especies de vertebrados, el deterioro de los corales y la deforestación.
Pero el mundo sigue inmerso en su dinamismo. Los republicanos impiden por interés económico que Estados Unidos controle mejor sus emisiones de gases, y en nuestro medio el Alcalde se cierra en el gas para mover el metroplús, gas natural que aportó el 20 por ciento del CO2 emitido por los combustibles en 2010.
No sabe uno qué pensar. Ni cómo terminaremos. En un interesante libro que nos enviara la Universidad de Oxford, The Earth after us , el profesor y geólogo Jan Zalasiewicz se plantea si la vida terminara, ¿qué encontrarían dentro de 100 millones de años extraterrestres en nuestro planeta? El análisis de Zalasiewicz se centra en la estratigrafía, pero no sería improbable que esos seres tras analizar los vestigios exclamaran: ¡Manada de irracionales!
Maullido : letrero para colocar en un bus: Conduzca como si su mamá fuera de pie.