Me enamoré, pero no le seré fiel
Desprovisto de afanes caminaba cerca al segundo parque de Laureles. Mi rumbo desandaba lo caminado. La mañana era fría y un débil sol disimulaba su fulgor entre nubes que le impedían su brillo. Así sin buscarlo, me encontré con ella. Flora Botticelli. Linda italiana, de ojos azules y cabello dorado. No se si me susurró o si mi camino me llevaba sin saberlo directo a su alible. Nos sentamos a conversar aunque los dos sabíamos que compartiríamos mas que una charla. Flora me mostró el menú. Podía escoger entre un sándwich, una pasta o una ensalada. Cualquiera fuera la elección podía hacerlo en 4 pasos y cada uno pronosticaba ser mas delicioso entre ella y yo.
Flora, diosa de la fertilidad, las flores y la primavera. Me sentía como Theodore Twombly, hacia Samantha en la película Her, enamorado de la perfección de lo inexistente. Me decidí por la ensalada, aunque entre su mirada y cabellos yo ya había escogido.
Pollo, anillos de calamar, croquetas de quinua, mis recomendadas, salmon, solomito, mas de veinte variedades de acompañamientos, entre setas, verduras y quesos, varios aderezos para ensalada y frutos secos para cerrar. Flora me recomendó la pasta de espinaca hecha en casa, la cual también podía diseñar a mi gusto con ingredientes maravillosos.
Como su cabello, como su rostro, mi amor de primavera llegó al culmen cuando me di cuenta que los ingredientes los surten Campesinos aledaños a la ciudad. Gabriel, Wilson, Blanca, Gloria, Camilo y Dora los llevan de su parcela al restaurante. Una verdadera red de proveedores humildes y artesanales, como los deberían tener los demás restaurantes de platos altos en presentación y precio. Flora sugirió una ensalada de lechuga, fresa, champiñones, queso cheddar, semillas de girasol y aderezo de alioli. Acompañamos el condumio con sendos jugos, mezcla de mango, ochuva, papaya y hierba buena. Me fascinó. No se si fue la felicidad de conocerla o los sabores del plato, lo que se es que el tiempo voló entre cada bocado.
Flora prometió esperarme allí, en la misma esquina de la cir. 4 #73-4 cada día. Partí con el sabor del maravilloso recuerdo. Me enamoré de Flora, pero no debo mentir, seguro comeré en otro lugar y sabrá que no le fui fiel.