Histórico

Me enamoré, pero no le seré fiel

28 de febrero de 2014

Desprovisto de afanes caminaba cerca al segundo parque de Laureles. Mi rumbo desandaba lo caminado. La mañana era fría y un débil sol disimulaba su fulgor entre nubes que le impedían su brillo. Así sin buscarlo, me encontré con ella. Flora Botticelli. Linda italiana, de ojos azules y cabello dorado.  No se si me susurró o si mi camino me llevaba sin saberlo directo a su alible. Nos sentamos a conversar aunque los dos sabíamos que compartiríamos mas que una charla. Flora me mostró el menú. Podía escoger entre un sándwich, una pasta o una ensalada. Cualquiera fuera la elección podía hacerlo en 4 pasos y cada uno pronosticaba ser mas delicioso entre ella y yo.

Flora, diosa de la fertilidad, las flores y la primavera. Me sentía como Theodore Twombly, hacia Samantha en la película Her, enamorado de la perfección de lo inexistente. Me decidí por la ensalada, aunque entre su mirada y cabellos yo ya había escogido.

Pollo, anillos de calamar, croquetas de quinua, mis recomendadas, salmon, solomito, mas de veinte variedades de acompañamientos, entre setas, verduras y quesos, varios aderezos para ensalada y frutos secos para cerrar. Flora me recomendó la pasta de espinaca hecha en casa, la cual también podía diseñar a mi gusto con ingredientes maravillosos.

Como su cabello, como su rostro, mi amor de primavera llegó al culmen cuando me di cuenta que los ingredientes los surten Campesinos aledaños a la ciudad. Gabriel, Wilson, Blanca, Gloria, Camilo y Dora los llevan de su parcela al restaurante. Una verdadera red de proveedores humildes y artesanales, como los deberían tener los demás restaurantes de platos altos en presentación y precio. Flora sugirió una ensalada de lechuga, fresa, champiñones, queso cheddar, semillas de girasol y aderezo de alioli. Acompañamos el condumio con sendos jugos, mezcla de mango, ochuva, papaya y hierba buena. Me fascinó. No se si fue la felicidad de conocerla o los sabores del plato, lo que se es que el tiempo voló entre cada bocado.

Flora prometió esperarme allí, en la misma esquina de la cir. 4 #73-4 cada día. Partí con el sabor del maravilloso recuerdo. Me enamoré de Flora, pero no debo mentir, seguro comeré en otro lugar y sabrá que no le fui fiel.