Medellín sabe a turismo
Medellín no es el paraíso, pero hace rato salió del infierno. Lo sienten los visitantes, nacionales e internacionales. Se ve en la gran cantidad de placas de vehículos de ciudades diversas que circulan por las calles o que ingresan a los centros comerciales. Se nota en los acentos regionales y en el inglés, el francés, el alemán y el italiano de los turistas que montan en metrocable o que recorren con ojos de asombro los alumbrados.
La ciudad sabe a turismo. Y ese sabor será cada vez más dulce, adictivo y rentable. Hoy es más fácil vender a Medellín como destino. Lo testimonia Adriana González Zapata, gerente General del Medellín Convention Bureau. Igual pasa con Mateo Restrepo, gerente General de la reunión del cincuentenario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en marzo de este año.
Las cifras comienzan a demostrar que ambos personajes no piensan con el mero deseo. En el 2008 se hicieron en la ciudad 31 eventos nacionales e internacionales, de los cuales el Bureau captó siete. Con estos últimos llegaron 11.150 visitantes, de los cuales 3.400 fueron nacionales e internacionales, y se calcula que gastaron en Medellín unos tres millones de dólares.
La asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue la de mayor impacto mediático, con 1.500 participantes, de los cuales el 73 por ciento venía de afuera. Pero también hubo un Congreso de Medicina Interna, con 3.500 asistentes.
La romería seguirá. En 2008 el Bureau aseguró la realización en Medellín de 15 congresos entre 2009 y 2012, de los cuales seis son internacionales. Se estima que ello oxigenará la economía local en cuatro millones de dólares.
Para el Congreso Latinoamericano de Cirugía Plástica, del 2012, la capital antioqueña derrotó como sede a Santiago de Chile. Es que, dice Adriana González Zapata, la ciudad compite de tú a tú, y con éxito, frente a destinos tan fuertes como Buenos Aires, Panamá, Cancún y la misma Cartagena y Bogotá.
¿Por qué?
En lo racional, porque hay infraestructura para eventos. Un complejo como Plaza Mayor en el que caben hasta 4.500 personas. Más de 3.000 habitaciones de 3 a 5 estrellas y servicios públicos de clase mundial.
En lo emocional, porque la gente es cálida, acoge al visitante, la ciudad es divertida, tiene un clima y un verdor que seduce al foráneo y es ejemplo de una transformación urbana en la que las obras públicas se acompañan con intervenciones sociales.
Vivos ejemplos de ello son los metrocables, el Parque Norte y Explora, el Paseo de Carabobo, el Planetario y los parques de Los Deseos y Los Pies Descalzos. Aquí hay varias fortalezas que el alcalde, Alonso Salazar, quiere aprovechar para impulsar el turismo vacacional, tarea a la que el Bureau ya le puso manos a la obra.
Vender a la capital antioqueña como destino también ha sido una de las tareas del equipo de Mateo Restrepo. Eso aumentará la asistencia de un evento que podría tener 5.000 asistentes, de los cuales 4.000 serán extranjeros. La asamblea del BID ya está financiada, cuesta cerca de 7 millones de dólares y pondrá a sonar a Medellín en el resto del mundo.
Recibir turistas y atenderlos bien es un excelente negocio.
En México les tienen bien medidos los gastos a los viajeros. Se calcula que el 22 por ciento de su presupuesto se queda en el hotel, el 24 por ciento en la alimentación, el 34 por ciento en el transporte aéreo, 8 por ciento en el pago de los salones y equipos, y un 12 por ciento en excursiones y transporte terrestre.
Por eso no es cuento chino cuando se dice que un evento como la asamblea del BID es un evento de ciudad. Todos ganan. Claro, si todos se preparan adecuadamente para ello, le sirven bien al turista, lo hacen sentir como en casa y lo motivan para que repita a Medellín como destino.