Médicos, héroes de la revolución en Tahir
El sábado 20 de noviembre las fuerzas de seguridad desalojaron a unas 200 personas que habían acampado en la Plaza Tahrir de El Cairo, un incidente que encendió la mecha de la segunda ola revolucionaria en Egipto.
El sábado 20 de noviembre las fuerzas de seguridad desalojaron a unas 200 personas que habían acampado en la Plaza Tahrir de El Cairo, un incidente que encendió la mecha de la segunda ola revolucionaria en Egipto.
Tan sólo unas horas después de los primeros altercados, que se saldaron con al menos 43 víctimas mortales, y más de 2.500 heridos, ya se había levantado la "clínica revolucionaria Kentucky", así bautizada por estar situada delante de un restaurante de comida estadounidense, en una esquina de la mítica plaza.
Ahmed Faiz, un joven doctor de medicina general de 28 años, fue uno de los primeros en llegar. "La mayoría de médicos nos conocimos en los hospitales ambulantes que se organizaron durante la Revolución del 25 de enero. Así que al oír las noticias, nos llamamos, y enseguida ya habíamos vuelto a construir la "Kentucky", explicó a EL COLOMBIANO.
Este humilde centro de primeros auxilios está cubierto por una simple lona, mientras unos palos atados a unas delgadas cuerdas marcan su perímetro. En su interior hay cuatro sillas, y media docena de alfombras. A falta de camas, ahí se depositaban los cuerpos de los heridos más graves. A su alrededor, un par de muebles pequeños repletos de analgésicos, antibióticos, y otras medicinas. Las cajas que no caben, se amontonan en el suelo.
En el momento de mayor intensidad de la batalla, una docena de clínicas llegaron a funcionar durante las 24 horas del día gracias al altruismo y sacrificio de docenas de médicos e enfermeros voluntarios como Ahmed.
La mayoría operaban al aire libre, pero algunas se instalaron en el interior de las mezquitas después de que en una ofensiva policial, varios de estos hospitales de campaña fueran destrozados a propósito por los agentes. Esta no fue la suerte de la "Kentucky" gracias a presencia de la ostensible cámara de una televisión extranjera situada en el edificio de enfrente que grababa lo que sucedía en la plaza día y noche.
"Durante los cinco primeros días no me moví de aquí. Trabajaba hasta 15 horas diarias y dormía al raso. Fueron unos días extenuantes", recuerda el joven doctor. Fue sólo cuando se llegó a una tregua tácita entre policías y manifestantes, el miércoles 24 de noviembre, que volvió a trabajar durante algunas horas en su hospital, situado en el barrio de Gamla, a media hora de Tahrir. Otros profesionales de la salud no pudieron ausentarse de su empleo y realizaron también jornadas maratonianas, divididas entre sus respectivos centros de salud y la plaza.
Varias clínicas cerradas
La actuación providencial de los médicos voluntarios habría sido imposible sin la solidaridad y apoyo de la sociedad egipcia, que donó toneladas de medicinas y material sanitario. "Nunca nos faltaron provisiones de ningún tipo. La solidaridad del pueblo ha sido conmovedora", cuenta Ahmed con una sonrisa de gratitud.
Una de las principales armas que utilizó la policía en sus ataques eran los gases lacrimógenos, algunos de los cuales estaban caducados, multiplicando sus efectos tóxicos. El olor era tan fuerte, que llegaba hasta el andén de la parada de metro de Tahrir, donde varios voluntarios repartían mascarillas a todos los usuarios.
"Nos llegaban pacientes con todo tipo de heridas, pero las más frecuentes eran contusiones, fracturas, heridas de pelotas de goma y asfixia a causa de los gases. También durante los primeros días hubo heridos y muertos a causa de disparos con balas de fuego", explica Hamid Fouad, responsable de la clínica apodada "Mugama".
Puesto que los doctores de Tahrir sólo contaban con material de primeros auxilios, los heridos más graves eran enviados a los hospitales en ambulancia. Sin embargo, algunos se resistían, pues temían ser allí arrestados por la policía, como sucedió en la Revolución de enero.
"A varios chavales se les ocurrió llevar a sus amigos heridos en moto, en lugar de ambulancia, para que nadie supiera que venían de Tahrir", explica Ahmed.
Ya hace más de una semana que dura la tregua entre fuerzas del orden y manifestantes, separados por una barrera de hormigón erigida en la calle Mohamed Mahmud, la línea del frente de batalla.
Si bien la "Kentucky" continúa abierta, otras clínicas han sido desmanteladas. Centenares de activistas se resisten a abandonar Tahrir y el futuro de la protesta es incierto. Pero todos saben que, si hace falta, los médicos voluntarios acudirán a sus puestos de inmediato. Los ángeles nunca están de vacaciones.