Militares, en el costal electoral
Se está creando demasiada confusión sobre temas muy sensibles de las Fuerzas Armadas, que deberían ser objeto de debates más serenos, alejados de la pugnacidad electoral. ¿Deberían votar?
Paradójicamente, son los civiles, y en concreto los políticos, quienes no están comportándose con la altura de miras necesaria ni el sentido de Estado que habría que esperar (y exigir) de ellos.
Es tal la revoltura de temas relativos a las Fuerzas Armadas que se están metiendo en el costal electoral, con motivo de la recta final de esta desagradable contienda presidencial, que es hora de demandar de las campañas mayor seriedad y sensatez.
Primero fue la acusación del expresidente Álvaro Uribe según la cual en Montería obligaban a los agentes de policía a organizar actos proselitistas a favor del presidente-candidato. Este desmintió la acusación, exigió respeto por la institución, y sacó en cara a su antiguo jefe la cantidad de agentes que lo protegían en comparación con los que cuidaban la capital cordobesa.
Golpes bajos usando como guante de boxeo a la institución que tantos sacrificios hace por garantizar, precisamente, la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan sus derechos, entre ellos los políticos, de elegir y ser elegido.
Más recientemente el candidato gubernamental a la vicepresidencia, Germán Vargas Lleras, aseguró que él ha visto a oficiales de la Policía haciendo proselitismo (para la otra campaña, obviamente).
Paralelo a todo esto, las Fuerzas Armadas vienen siendo objeto de toda clase de especulaciones sobre lo que será su suerte. Para algunos, esa suerte la decidirán las Farc desde La Habana, en lo cual nadie ha aportado ninguna prueba seria. Por el contrario, el general (r) Mora Rangel, negociador del Gobierno, lo desmiente y presenta para ello su palabra, amparada con la autoridad de su propio honor militar.
El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, exige que no se "manosee" más a la institución militar, y el director de la Policía, general Rodolfo Palomino, clama para que no los envuelvan en la refriega política. Tal vez sus voces no sean oídas por quienes más debieran escucharlas, ocupados como están en provocar ruido y furia, o en emitir maniquea propaganda televisiva cuyo mensaje sugiere que los soldados van a "hacer la guerra" por simple capricho.
Y todo esto combinado con propuestas, a nuestro juicio teñidas de oportunismo, como la de acabar el servicio militar obligatorio tan pronto se firme la paz o de adscribir a la Policía bajo la competencia de un próximo Ministerio de Seguridad Ciudadana.
Lo del servicio militar obligatorio ha sido matizado por el ministro de Defensa, que tiene que hacer malabares para interpretar los dichos del presidente-candidato. Y lo segundo sería inconveniente y poco práctico. Entre continuar sujeta a la disciplina de la milicia o pasar a ser dependencia de un cargo político, lo indicado es lo primero.
Finalmente, se ha vuelto a mencionar el tema del voto para los militares en activo. Tampoco es oportuno. Ya Alberto Lleras (estadista sin par) explicó mejor que nadie, en 1958, por qué nuestro país prefiere unas Fuerzas Armadas no deliberantes, sujetas al poder civil y marginadas de activismo político y proselitista. Así seamos excepción en el continente, es una excepción justificada y aún plausible.
El reconocimiento al voto de los militares es un clamor entre ellos
Por Thania Vega de Plazas
Senadora electa del Centro Democrático
Cuando la campaña electoral está salpicando tanto a una institución tan respetable como las Fuerzas Armadas, hay que escoger muy bien el momento oportuno para presentar propuestas. Yo ya tengo, efectivamente, un estudio sobre la conveniencia de permitir el derecho al voto de los militares en Colombia.
En un sector tan grande como las Fuerzas Armadas, donde los soldados, militares y policías son de carne y hueso, que son los que realmente ponen el pecho a este país, su opinión es importante para que ellos sepan elegir quién será su comandante supremo.
Porque ellos se sienten tratados como ciudadanos de tercera. El voto es un derecho de todos los ciudadanos, que debe ser concedido también a los que siempre están dispuestos a dar la vida por su país, que deberíamos valorar como ciudadanos de primera.
Los tiempos del Ejército han cambiado, hoy es más profesional, más preparado. No podemos comparar a los militares de hoy con los de 1930. Darles el derecho al voto iría acompañado con una reglamentación estricta, porque no es para participar en política. Sólo hay tres países en el continente que no tienen voto militar (El Salvador, Honduras y Colombia). Y debo decir que para los miembros activos, este derecho es un clamor.