MORIR ES ACABAR DE NACER
Al morir acabamos de nacer, llegar a la plenitud de la vida que es Dios. La muerte no existe, existimos los mortales, los que nos vamos muriendo en cada paso del camino.
La muerte no es como es, es como la vemos. La podemos ver mal. O bien. La vemos mal cuando se nos vuelve una pesadilla, en que el miedo a dejar a nuestros seres queridos aumenta en nosotros día a día, y así la vamos acelerando, pues nada mata tanto como el miedo a la muerte.
Y vemos bien la muerte cuando hacemos de ella una maestra que nos enseña cosas hermosas, como darle sentido a la vida viviendo con amor y sin apegos. Un arte que podemos y debemos cultivar con esmero en todo momento de la vida.
Al nacer comenzamos a morir y al morir acabamos de nacer. Vamos naciendo, viviendo, muriendo y resucitando en cuerpo y alma simultánea y dinámicamente. En la unidad complejísima de nuestro ser, nada nos ocurre únicamente en el cuerpo o en el alma. Nos esmeramos en comer y orar con espíritu, es decir, en cuerpo y alma, la unidad armónica de nuestro ser.
"Incierto es el lugar donde la muerte te espera; por eso, espérala en todas partes" (Séneca). Vivimos muriéndonos, y sin embargo nadie se quiere morir. La muerte es el paso definitivo a la nada y a la vez a la plenitud de la vida, que es Dios. Al morir nos sumergimos definitivamente en Dios, que es el bautismo en plenitud.
La persona que muere no se ausenta, cambia su forma de presencia. Deja las dimensiones espacio temporales y entra en el mundo divino, inespacial e intemporal. Cuanto más cultivamos nuestra relación de inmediatez de amor con Dios, más anticipamos en el tiempo la eternidad.
"Temor ninguno tiene de la muerte, más que tendría de un suave arrobamiento" (Santa Teresa); "porque en viniendo la vida, no queda rastro de muerte" (San Juan de la Cruz); "yo no muero, entro en la vida" (Santa Teresita). Para los místicos, la muerte es ternura, suavidad, confianza, unión definitiva de la criatura con el Creador.
Envidio la experiencia de Santa Catalina de Génova: "Cuando veo morir a una persona, me digo, ¡oh, qué cosas nuevas, grandes y extraordinarias está a punto de ver!"
Según múltiples investigaciones, quien llega al túnel de la muerte, es atraído por una luz deslumbrante de irresistible dulzura. La muerte que tenemos por vivir