Nairo y Rigo: tanta alegría junta
Nairo Quintana y Rigoberto Urán coronaron un sueño que tuvieron semanas atrás: estar en el podio del Giro de Italia. Dos jóvenes sencillos y ejemplares que llenan al país de fe en sí mismo.
La imagen no puede ser más elocuente: Nairo Quintana y Rigoberto Urán se abrazan fraternalmente en el podio del Giro de Italia. Aunque pequeños, su estatura es enorme. Su mérito, admirable. A ambos, tan genuinamente colombianos, los envuelve un extraño halo de bondad y triunfo. Son ganadores, por sus condiciones físicas, pero sobre todo por su mentalidad fuerte, irreducible.
En las palabras del mismo Nairo Quintana, expresadas ayer al llegar a la meta en la tarde lluviosa de Trieste, la victoria en la carrera rosa es tan merecida como inolvidable. Está entre las gestas deportivas más importantes en la historia de Colombia. Y si a ello le sumamos el segundo lugar de Rigoberto Urán, pues estamos ante un triunfo categórico y colosal.
Cuando empezó la competencia, los dos fueron presentados ante los medios en Belfast, Irlanda, como grandes favoritos, pero había que corroborar ese respeto en los 3.500 kilómetros de carreteras que estaban por delante. Sufrieron caídas, en especial Nairo, que se vio bastante golpeado y luego enfermo de gripa.
El primero en ponerse la malla rosa fue Rigoberto Urán, que ganó de manera sorprendente la etapa contrarreloj. Portó la camiseta de líder durante cuatro días hasta que lo relevó Nairo Quintana en la jefatura del Giro, quien no se desprendió del primer puesto hasta este domingo.
Quintana consiguió dos etapas, el título de mejor joven y la general. Urán terminó subcampeón y alcanzó un triunfo parcial. Julián David Arredondo se trajo la camiseta de montaña y otra victoria de etapa. Sebastián Henao, el ciclista más joven del Giro, sorprendió con su lugar 22. Y el TEAM Colombia “robó cámara” en las fugas de las tres semanas. Una carrera excepcional protagonizada por nuestros muchachos.
Ellos están sabiendo honrar la herencia de Ramón Hoyos, Martín Emilio Cochise Rodríguez, Alfonso Flórez, Patrocinio Jiménez, Luis Alberto Herrera, Fabio Parra, Santiago Botero y Juan Mauricio Soler. Entre todos redondean una historia de satisfacciones y orgullo para el deporte nacional.
Hay un mensaje que destacar en los recientes triunfos del Giro de Italia: ese del ejemplo de sencillez y constancia de Nairo y Rigo, dos muchachos forjados en las dificultades de un país tantas veces golpeado por las necesidades y la violencia. Ellos, con su actuación estelar, les dicen a millones de jóvenes colombianos que el trabajo con disciplina, honestidad y amor, trae sus frutos, sus resultados.
Los colombianos en el Giro de Italia borraron con sus pedalazos parte de esa imagen desfavorable que otros compatriotas han dejado en el exterior. Montados en sus bicicletas, con ese espíritu optimista y combativo y sobreponiéndose a numerosas dificultades, este enjambre de escarabajos hinchó de emoción los corazones de Colombia y Latinoamérica.
Para algunos entendidos, el Giro es tal vez la carrera más dura del ciclismo mundial, por sus condiciones climáticas, por sus carreteras estrechas, por sus montañas imposibles, por sus escenarios caóticos. El Giro es una batalla que se libra durante tres semanas a un ritmo bestial. Lo advertía una valla puesta al pie del Monte Zoncolan, el sábado: “Bienvenidos a la puerta del infierno”.
Así pues que las victorias de Nairo, Rigo y los demás colombianos en Italia son una verdadera hazaña. Tal cual lo destacó la prensa especializada, que no ahorró elogios y adjetivos de admiración por el título de Quintana.
El país está llamado a recibir a estos muchachos como héroes y deben el Gobierno y la empresa privada gastar baterías en el auspicio del ciclismo, un deporte que no para de regalarnos alegrías. Pero también en otras disciplinas que ocupan el interés de las nuevas generaciones.
Ellos, los ciclistas valerosos que acaban de imponerse en Italia, nos obligan a trabajar con fe por el país. Nos incitan a recorrer caminos de superación, de transparencia, de desarrollo de nuestro potencial.
Retomamos a Nairo, quien ayer reveló que no le cabía tanta felicidad en el cuerpo. Así nos dejaron él y Rigoberto a los colombianos. Pusieron la bandera en un punto muy alto, donde el planeta puede ver que este país tiene cosas muy buenas, entre ellas aquellos ciclistas tan tenaces.