Histórico

NARIZ DE CULPABLE

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26 de mayo de 2012

Conocí a Alberto Jubiz Hazbún a finales de los años 70, cuando yo era un adolescente y él un tipo cuarentón.

Jubiz Hazbún había sido invitado a San Estanislao -el pueblo de Bolívar en el que me crié- por mi tío Gonzalo Ramos.

Imposible que pasara inadvertido con su estampa de guarachero Caribe: mocasines blancos sin medias, bermuda caqui, camisa hawaiana. Bailador de salsa empedernido, su canción favorita en aquel momento era "Dónde están mis zapatos blancos", de la Orquesta Broadway. La pedía una y otra vez.

Me impresionaban, además, ciertas acciones suyas acaballadas entre la generosidad y la chifladura: compraba en la tienda una bolsa de confites y a continuación se convertía en un hombre-piñata: arrojaba los dulces por el aire para que los muchachos de la casa tuviéramos, como los adultos, nuestra fiesta.

Volví a verlo en agosto de 1989, esta vez en la pantalla del televisor. Estaba esposado, exhibía un rostro grave que desentonaba con el recuerdo que yo conservaba de él. Se le acusaba de haber cometido el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán.

Lo que me sucedió en ese momento se podría ilustrar con la vieja fábula china del granjero que perdió el hacha. Mientras buscaba la herramienta, el labrador sospechó que su vecino se la había robado. Y como sospechó, le vio cara de culpable, ademanes de culpable, estatura de culpable.

Yo también vi a Jubiz como culpable, por supuesto. Me parecieron sospechosas sus facciones árabes, turbias su barba entrecana y sus cejas encontradas. ¿Cómo no iba a tener cara de culpable, si el que lo acusaba era Miguel Maza Márquez , el entonces respetadísimo director del DAS?

En la fábula china el granjero logró encontrar el hacha. Así que ya no le vio a su vecino cara de ladrón. En la historia que estoy evocando sucedió algo similar: la barba y las cejas del sospechoso dejaron de ser, definitivamente, las de un culpable. Pero antes permaneció cuatro años encarcelado.

Salió en bancarrota a una edad en la cual le quedaba complicado empezar de cero: cincuenta y siete años. Su anciana madre -a quien le ocultaron el drama- murió humillada por su larga ausencia.

Pocos años después murió él también, doblegado por la tristeza. He recordado a Jubiz a propósito de Sigifredo López , a quien la Fiscalía acusa de haber instigado el asesinato de sus once compañeros diputados.

En el video que le fue decomisado a la guerrilla responsable de los crímenes aparece, durante algunos segundos, la nariz de un hombre que planea el asalto a la Asamblea del Valle. Los fiscales, luego de suponer que esa nariz es la de López, lo han sometido al escarnio público como posible coautor de aquella atrocidad.

El guerrillero de las Farc conocido como "Santiago" ha dicho que López no fue cómplice sino víctima de ellos.

Ya empezamos a ver que su nariz no es de culpable, pero qué amenaza vivir en un país donde la gente buena debe someterse a las peores infamias para demostrar su inocencia.