Navidad congrega a las familias
COMPARTIR EN FAMILIA es el hecho que más destacan los antioqueños. Una encuesta y un grupo de invitados dicen qué es lo mejor.
La Navidad es una de las fiestas más importantes del Cristianismo -junto con la Pascua y Pentecostés-, que celebra el nacimiento de Jesucristo en Belén.
Es una celebración que convoca al reencuentro familiar y con amigos, alrededor de típicos platos, en medio de luces y fiestas.
En Antioquia, lo más importante de esta festividad gira en torno al pesebre, que representa el nacimiento de Jesús, para rezar la Novena de Aguinaldos. Esta Novena fue escrita por Fray Fernando de Jesús Larrea, en el siglo XVIII.
EL COLOMBIANO invitó a un grupo de personajes que sobresalen en diferentes campos de la vida cultural, social y económica de Medellín. Son ellos, las humoristas Tola y Maruja; María Inés Restrepo de Arango, directora de Comfama; Julián Posada, consultor e investigador de moda; el maestro Alberto Correa, director de la Orquesta Filarmónica de Medellín y del Estudio Polifónico de Medellín; el humorista Suso El Paspi; el nuevo presidente de Bancolombia, Carlos Raúl Yepes y la comunicadora y actual gerente del Club El Rodeo, Pilar Velilla.
Ellos, al igual que las 363 personas que respondieron a la encuesta del Área de Investigación Estadística de EL COLOMBIANO, coincidieron en destacar que esta es una época en la que la gente piensa y comparte con familiares y amigos.
Para el 55 por ciento de los encuestados lo mejor es pasarla en familia y en casa; el 24 de diciembre sigue liderando como la fecha más importante de este mes (38%), aunque 24 y 31 son igualmente importantes para otros (30,8%).
Si bien las épocas han cambiado y las familias ahora no son tan numerosas, las tradiciones continúan. Así lo dicen nuestros invitados.
Recuerdos y tradiciones navideñas...
El maestro Alberto Correa celebra con El Mesías de Händel y villancicos
Las navidades del maestro Alberto Correa las celebraba con 82 primos. Se iban todas las vacaciones para la finca y allá hacían la Novena, cantaban villancicos y todos los días había natilla y buñuelos "a disposición libre". Lo que más recuerda el director de la Orquesta Filarmónica de Medellín son los villancicos, incluso más que el gran pesebre y el árbol que hacían.
Le encantaba oírlos y cantarlos y escuchar a su mamá, que interpretaba unos que ya ni se escuchan, dice él. "Es un recuerdo inmenso". Tal vez ello tiene algo que ver con que el maestro desde 1974, con la orquesta y el Estudio Polifónico de Medellín, celebre diciembre haciendo conciertos de música navideña todo el tiempo y que el primero de diciembre le de la bienvenida al mes con El Mesías de Händel. Recuerdos tiene muchos. De los primeros juguetes no se olvida que eran muy simples. El caballito de madera encabeza la lista. "El 25 montábamos caballo todo el día".
También hubo carritos de madera, que luego fueron a propulsión. Y siempre "eran acompañados de ropa, que estrenábamos durante un tiempo. No eran blue jeans, eran pantalones de dril", se emociona él, que además señala que el regalo no era tan comercial. "Nos llevaban al centro a ver vitrinas, a ver qué era lo que nos gustaba y si sí nos lo podían comprar". El maestro, además de los 20 conciertos, más o menos, que hace durante diciembre, celebra ahora con su esposa, sus dos hijos y sus dos nietos y "estamos juntos". Los villancicos siguen siendo la tradición que "quiero mantener y enseñar".
Tola y Maruja gozaban buscando el Niño
-Oites Tola, ¿cierto que nada como las navidades de antes?
-Claro...Yo me arrecuerdo de las navidades en la finca, que uno esperaba con ansiedá el 24 de diciembre y madrugábamos a pilar el maíz pa hacer la natilla y enseguida a voliar mecedor en una pailota de cobre, como de gitano.
-Esa natilla era deliciosa... Pero como no había nevera, a los tres días estaba lamosa, con barba, y le tocaba a uno servir el pedazo de natilla y una barbera.
-Y por la noche destapaban las botellas de tapetusa y sabajón casero...¿Te acordás del sabajón?
-Claro, que lo hacíamos con güevo y tenía la ventaja que emborrachaba y alimentaba.
-Y mi apá Cleto, que en paz descanse, escondía el Niño Jesús con una moneda de 5 centavos pegada de la espaldita...
-Ah, la que vos siempre cargás pa dar de propina...y que te la devuelven los meseros.
-Y nos regábamos los chinches a buscar el Niño por todos los corredores y mi apá a decirnos, a según nos arrimáramos al Niño: frío, tibio, caliente...¡se quemó!
-Hoy en día la navidá es puro comercio y pasaron de moda los juguetes sencillos como el trompo, el yoyo, la pirinola, el carrito arrastrado con una guasca, la muñeca que cierra los ojos al inclinarla...
-Ve Tola. ¿qué le estás pidiendo al Niño Jesús?
-Lo que nos toca pedir a esta edad: que nos toque otro diciembre.
El arequipe le huele y le sabe a Navidad a Julián Posada
El árbol que este año hizo Julián Posada no tiene bolas ni moños, ni tampoco estrellas. Huele delicioso. Tal vez porque está hecho con bolsitas de té. Lo hizo para el almacén de Beatriz Restrepo, porque el de su casa lo hace su hermana, en un secreto que no se revela sino hasta Navidad. "No es el árbol tradicional, sino que busca darle otra mirada", dice el consultor e investigador de moda. El de este año está lleno de lápices.
De cuando estaba pequeño recuerda una Navidad al aire libre. Vivía en Patio Bonito, que para ese entonces, y no es que sea viejo, eran mangas. Tal vez por eso, por jugar y buscar que el musgo para el pesebre, que los arbolitos y todo eso que puede necesitar éste, el tiempo se le pasaba volando. El pesebre era tan grande que ocupaba una sola pieza y los demoraba unos cuatro o cinco días. Sin embargo, para Julián el sinónimo de la Navidad es el arequipe. "Mi abuela tenía la tradición.
Hacíamos unos 120 litros, en fogón de leña y paila. Era un proceso muy largo, hasta la una o dos de la mañana". Todavía mantienen la tradición. Lo hacen a principio de diciembre y es la fecha más importante para su familia, porque se reúnen casi todos. Para él, lo importante de la Navidad es dar tiempo, "no me gusta lo comercial".
El pesebre es el centro de atención de la celebración navideña de María Inés Restrepo de Arango
Recuerdo con una sonrisa mis navidades en la infancia. Fuimos 13 hijos y desde el primer día de diciembre empezaba la celebración, recogíamos musgo en el bosque cercano a la finca para el pesebre, -en esa época no había la conciencia del error ecológico-, llevábamos después de largas caminadas cardos para adornarlo; todo giraba más alrededor del pesebre y de mucho compartir con las personas que vivían cerca de nuestra finca. Familias enteras llegaban al intercambio de platos de natilla y mi mamá compraba pitos y maracas para que los niños de la vereda se unieran a nosotros en la novena.
Hoy al igual que ayer, con mi esposo, mis hijos, sus esposas y dos nietas, desde los primeros días empezamos a hacer el pesebre, el árbol, tarea titánica la desempacada, y voy con mi nieta de 4 años a comprar regalos que en una lista que ella hace con sus garabatos me va recordando y ayudando a escoger. Hacemos de esta jornada unos momentos de diálogo delicioso, hablamos del niño Jesús, oímos los villancicos en los almacenes y sin pena de nadie los cantamos.
Ayer nuestros padres nos formaron en el valor religioso de la Navidad el cual cultivo para mi y mi familia; siento que es una época que permite enseñar muchas cosas.
La Navidad de Pilar Velilla gira alrededor de la gastronomía familiar
Nosotros venimos de una generación de pesebres grandes que mi mamá y hermanas engalanaban pintando un hermoso telón de fondo. Nos reuníamos con toda la familia alrededor de la mesa, de la cocina. Mi mamá era una gran cocinera y nos preparaba buñuelos con forma de patos, hacía otros en pequeñas bolitas que servía con almíbar y azahares. También eran famosos otros que hacía grandes y les metía algodón por dentro, para ver quién era el más goloso en cogerlo.
Y, aunque me da vergüenza admitirlo, quemábamos pólvora, esa antigua tradición que nos viene desde los españoles y que es tan arraigada en Antioquia.
Mi papá, que era de una familia muy tradicional, siempre tan consciente y solidario, nos enseñó que solo les diéramos regalos a los niños. De esta forma cada uno elegía, desde el principio del año, alguna fundación o familia necesitada para alegrarles a ellos la Navidad con regalos y objetos de primera necesidad.
El rezo de la Novena era algo sagrado y los adultos no consentían que uno se elevara o entonara el villancico con otro ritmo.
Con la llegada de los sobrinos a estos encuentros familiares se incorporaron los shows navideños, para los cuales ellos se preparaban con anticipación, hacían guiones y elegían los disfraces.
Hoy también nos reunimos pero las familias son más pequeñas y muchos viven fuera de la ciudad. Son encuentros familiares, sin pólvora pero sí con delicias tradicionales que nos congregan, incluso, en la propia cocina. El hecho de estar juntos es lo más importante, sobre todo el 24 de diciembre, alrededor de un buen vino y una rica cena que hacemos entre todos.
A Suso El Paspi no le falta la natilla con chocolate
Cuando estaba pequeño, ¿qué era lo que más le gustaba de la Navidad? ¿Y ahora?
"Pues las cosas casbian. Usno visvía pendiente de los resgalos que le isban a dar. Ahora es usno el que tiesne que dar resgalos, ¡noo que pesye! A mí me gustaba muscho elevar glosbos, ahora está prohisbido, pero se elesvan de cuando en vez. Ah, me gusta ir a ver alumbraos, pero a las 9 de la mañana que hay menos gente. ¡Ah cómo fuera! Ahora pues celesbro, trasto de estas trasquilo pero la Nasvisda ahora es más tesnológisca, en vez de un asbrazo me masdan es un email, en vez de llasmar a desear Fesliz Nasvidad me mandan un pin... no que desespero... Los buesno de la nasvidad es que a usno le cambia el gesnio, la masyoría estasmos feslices porque es diciembre.".
¿Cómo eran las novenas?
"En mi casa mi masmá Susasna se vestía de San José, mi hermanita de Virgen y yo de Niño Dios, y era más tiesnito... ya cuando fui creciendo me vestía de burro... pero no por lo bruto, sino por las oresjas... En las nosvenas cantábamos los villanciscos, anton tiruriruru, sesus al pesesbre vasmos a llevar... ah más buesno! ... y hacíamos los cascabesles con taspas de gaseosa".
Ese regalo del Niño Dios, inolvidable...
"Pues para mí un resgalo inolvisdable fue un carro digistal que me resgalo el Nisño Dios. Era digistal porque se empujaba con el dedo y tesnía cuerda resmoto, porque usno lo jaslaba con una cabuya. Ah! Y tasbién un baslón de carei que quesmaba más buesno. Los rescuerdo muscho porque con ellos jusgaba y para usno cuando era nisño los juguestes eran los mejor. Quiere ver contento a un chisquito, resgálele un jugueste".
¿Qué no puede faltarle en diciembre?
¡Uy! Nasvidad es la únisca éposca donde a usno no le da pesna baislar con la abuelita y con la tía pelitesñida... no puede fastar el tío borracho, jugar aguinaldos, las primas que viesnes de ostra ciudad, el paseo en chisva a ver alusbraos, comerse el buñueslo "con nacido" esos que tiesnen un tulumdrón, ¡qué caja!
Y no puesdo desjar de cosmer nastilla con chocolaste... ¡uy que casao!
La familia, centro de celebración para Carlos Raúl Yepes
En el pasado como en el presente tengo los mejores recuerdos de la Navidad.
En el pasado, la familia de mi padre, que era bastante numerosa, siempre se reunía para celebrar la Novena en las casas de mi abuela y mis tíos, recuerdo que iba mucha gente, era una familia muy musical y por eso siempre salían a flote las guitarras.
La ilusión del Niño Jesús siempre estuvo presente. En la actualidad, es un poco diferente, pero siempre se mantiene vivo el espíritu navideño. Nos gusta arrancar con la decoración de la casa desde noviembre y la dejamos hasta enero. Escogemos el día para armar la Navidad y lo hacemos mi esposa, mis hijos y yo. Terminamos el día cansados, pero felices. Ese día es maravilloso, se respira un ambiente y una alegría diferentes. El día de las velitas es sensacional, a mi casa llega toda la familia y cada uno lleva diferentes platos de comida tradicional de esta época. Y obviamente, el 24 de diciembre es el día clave, un día espiritual, de acción de gracias.