Navidad rima con solidaridad
“Mamá ¿dónde están mis juguetes?” Así comienza un villancico que, a diferencia de los demás, tiene una connotación triste: la de un pequeño a quien el niño Jesús no le trajo ningún regalo.
Es una canción que a muchos les fastidia y que a otros les da risa. Pero es lo que viven miles de niños en este planeta que hoy no recibirán ningún regalo simplemente porque sus papás no tuvieron con qué comprarlo.
En los días previos a la navidad tuve la dicha de ver a muchos niños en condiciones de pobreza recibiendo su traído del niño Dios, gracias a personas y empresas solidarias que en medio del consumo efervescente, se acordaron no solo de sus seres queridos sino de aquellas personas a quienes les falta todo. Incluso ánimos para celebrar.
En una campaña solidaria navideña de un sector muy pobre del sur de Lima, vi a una niña que tenía varicela. Le pregunté a su mamá por qué permitió que su hijita saliera así de su casa. La madre me respondió: “es que si no la traía, la niña se quedaba sin regalo para esta navidad”. Su respuesta me arrugó el corazón. Le di un juguete a la pequeña y le dije a su mamá que por favor se la llevara para que descansara.
Y de regreso a mi casa, una mujer de unos 30 años se subió al bus vendiendo caramelos para poder comprar algún aguinaldo a sus hijos.
Papás y mamás que se la juegan toda para que sus pequeños también puedan tener su aguinaldo… Estas situaciones, para millones de personas son parte de la cotidianidad y a mí me dejaron pensando…
Darle un regalo a alguien es simbolizar en algo material que el hombre está llamado continuamente a donarse. Cuando queremos regalar algo, pensamos en lo que más le gusta, averiguamos con las personas más cercanas cuáles son sus antojos o qué le está haciendo falta. Es agradable ver a alguien abrir un regalo que le hemos comprado, que se alegre, que diga “era justo lo que quería”.
Y si es bonito darles regalos a las personas significativas, resulta mucho más especial darlos a aquellos que no conocemos y que tienen una necesidad real. Se trata de la vivencia de un amor desinteresado y de ofrecer un aporte, que, aunque sea pequeño, pueda marcar la diferencia en una persona o en una familia en esta época especial.
Bien lo dijo el Papa Francisco en la última audiencia general: "Si Dios, por medio de Jesús, se implicó con el hombre hasta el punto de hacerse como uno de nosotros, quiere decir que cualquier cosa que hagamos a un hermano o a una hermana la habremos hecho a Él”.
Que navidad y solidaridad no sean solo dos palabras que rimen sino que siempre vayan unidas para calentar corazones que pueden enfriarse por la indiferencia y que sean muchos los niños que puedan cantar alegres; “mamá, ¡aquí están mis juguetes!”.