No abrir puertas al pesimismo
Durante la primera quincena de este diciembre, Invamer Gallup, compañía especializada en medir la opinión pública, dio a conocer su habitual informe bimensual en el que se palpa cómo van las cosas en nuestro país. El resultado es contundente: el 45 por ciento de los colombianos cree que las cosas en el país están empeorando, mientras que un 38 por ciento opina que mejoran.
En pocas palabras, el año cierra con un tufillo a desconfianza bastante preocupante para el futuro inmediato de Colombia. Es la primera vez que esto sucede desde abril de 2003, cuando eran más los colombianos optimistas que los pesimistas. Y lo peor en esta situación es que la tendencia es irremediablemente a la baja.
Obviamente, las cosas en el país han mejorado y las necesidades básicas insatisfechas de la población van cambiando de acuerdo al avance social, económico y político. Desde abril de este año los colombianos cambiaron radicalmente la jerarquía de sus problemas. Hoy el 50 por ciento opina que el principal problema nacional es el poder adquisitivo, el 28 por ciento, que son otros problemas y sólo un 22 por ciento opina que es el orden público.
En pocas palabras, el bolsillo empieza a preocupar más que cualquier otra cosa, y las noticias del final del año contribuyen a fortalecer esa sensación. Los coletazos de la crisis financiera internacional, sumados a la crispación nacional por las pirámides, más los inminentes despidos de trabajadores en las empresas, en nada contribuyen a mejorar esa realidad.
La gente no califica bien el manejo que el Gobierno le está dando al desempleo, al costo de vida y en general a todo lo que tiene que ver con la economía. Todo eso se suma para que el optimismo caiga a niveles que nunca antes habíamos observado durante esta administración.
Y si en el plano nacional las cosas no pintan bien, a nivel local hay datos para empezar a preocuparse. Cuando a los medellinenses se les pregunta si las cosas están mejorando o empeorando, el 64 por ciento responde que están mejorando y el 27 que van mal. El nivel de optimismo pasó de cifras que rondaban el 90 por ciento a este número, y los negativos del tres y cuatro por ciento al 27. Y como todo en estadística, lo que hay que mirar detenidamente es la tendencia, y ésta no es buena.
Tampoco podemos ser fatalistas con lo que está pasando y ver la realidad con lentes oscuros. Todavía hay mucho por hacer y mucho por construir. Es el momento de volver a esos niveles de optimismo que nos han caracterizado y no dejarnos llevar por las hordas negativas que tanto mal le hacen a la sociedad.
Hay que seguir trabajando fuertemente, respaldando la institucionalidad y, sobre todo, haciendo por nosotros lo que nadie puede lograr: hacer de Medellín y de Antioquia los mejores vivideros del mundo, en donde el trabajo, la seguridad y el bienestar sean características elocuentes de una región única como la nuestra, digna para los antioqueños del futuro.