Histórico

No es muy tarde (todavía)

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26 de diciembre de 2010

Aunque sea diciembre, fin de año y vísperas de inocentes, la situación obliga a seguir opinando gravemente. La tragedia de millones de colombianos y decenas de regiones en medio país supone un asunto moral para ciudadanos y autoridades, y la movilización de la opinión y la acción se ha tornado en un imperativo.

Apelo a los versos que canta T-Bone Burnett: "El viento silba como un puñal / la lluvia cae como un martillo / el cielo se ha vuelto oscuro / ? / el clima se derrumba / ? / la tempestad nos hunde /? / pero no es demasiado tarde". El artista tejano, fiel al temperamento americano, termina su canción con optimismo. Pero no es un optimismo gratuito, se basa en que "los falsos ídolos se han vuelto polvo y todas las mentiras están en cenizas".

Existe un amplio consenso entre los formadores de opinión en cuanto a que el invierno no es el problema sino la condición que ha puesto de presente los problemas del país: infraestructura pequeña y de mala calidad; negligencia general y costosa para desarrollar una política de prevención; políticas públicas que ignoran las regiones más pobres, donde viven los colombianos más pobres; y clientelismo y corrupción que ahogan a grandes ciudades como Bogotá, Montería o Bello.

La mentira que se ha vuelto cenizas es la de culpar a la naturaleza. En Colombia la naturaleza es más benigna que casi en cualquier parte del mundo, pues no tenemos climas rigurosos y ni siquiera somos víctimas de huracanes como los vecinos caribeños. Ahora toca pulverizar los falsos ídolos.

Carlos Caballero Argáez ( El Tiempo, 17/12/10) ha propuesto unas medidas que enumero: reformar la tributación y recomponer el gasto público, intervenir las regalías y las corporaciones autónomas regionales, destinar la venta de parte de Ecopetrol a infraestructura. Son buenas ideas. Y a ellas hay que añadirle más.

Hay que atender el mensaje de la geografía. Los pueblos en emergencia deben ser reubicados preferiblemente alrededor de otros poblados existentes. Poblaciones como Nechí, Barranco de Loba, Campo de la Cruz deben desaparecer. Hay centenares de poblaciones inviables geográfica y económicamente. La emergencia debe ser aprovechada para cambiar el mapa del país, aprovechando lo que ya hizo el agua.

Hay que centralizar la mayor parte de los recursos, movilizando las comunidades locales e inmovilizando a los politiqueros tradicionales. En especial, los municipios con baja capacidad institucional y mal desempeño fiscal deben ser intervenidos por la autoridad central. El Presidente de la República no puede dejar que la declaratoria de emergencia sea un parto de los montes.

Tiene razón Carlos Caballero cuando dice que la prioridad del Gobierno debe cambiar. La única locomotora del plan de desarrollo debiera ser la reconstrucción. Esta es la ocasión para poner el país de frente a los ríos y convertirlos en centros de riqueza y comunicación, en lugar de destierro de pobres y paraíso de grupos ilegales. Esta es la ocasión para hacer el reordenamiento del territorio que mandó la Constitución y que la han embolatado los intereses clientelistas. Reconstruir con criterios de equidad, expropiar tierras incultas, construir nuevos polos de desarrollo e infraestructura vial de primer nivel.

Santos está a prueba para una situación excepcional.