"No queremos más violencia ni encadenados"
POR PRIMERA VEZ, como un hombre libre, Óscar Tulio Lizcano, quien permaneció seis años secuestrado por las Farc, marchó ayer en Medellín para sumarse al repudio contra los violentos.
Llegó a pie como uno más entre millares de personas cansadas de la violencia, el derramamiento de sangre y delitos atroces como el secuestro. Al verse rodeado de miles de personas que gritaban al unísono "no más Farc, libérenlos ya", su mente lo trasladó a la selva, cuando escuchaba ese clamor en un viejo radio mientras acumulaba años secuestrado.
Pero ahora, a punto de comenzar la marcha en Medellín, Óscar Tulio Lizcano, el excongresista que en octubre de 2008 se les escapó a las Farc de un campamento en Chocó con la ayuda del guerrillero, alias "Isaza", sentía por primera vez esa solidaridad con los secuestrados siendo un hombre libre.
No pudo contener las lágrimas. "Esto es muy conmovedor... sentir todo este bullicio, la gente marchando y reclamando la libertad de los secuestrados me conmueve porque ahora estoy aquí, mientras que ellos están marchando en la selva con este invierno tan inclemente. Ojalá la guerrilla escuche este clamor y entienda que Colombia no acepta más violencia, más muerte y secuestros", dijo Lizcano al comenzar su marcha.
Contó que en la soledad y desesperanza en la que viven los secuestrados por la guerrilla, estas movilizaciones le daban fortaleza, a pesar de los intentos de los guerrilleros por desestimar el repudio expresado por millares de colombianos.
"Uno secuestrado siente alivio cuando se da cuenta de que la sociedad no es indiferente y no se olvida de los secuestrados. La guerrilla trata de disimular su efecto y dicen que son marchas manipuladas por el Gobierno, pero son importantes porque después de varias movilizaciones se dieron liberaciones unilaterales", recordó Lizcano.
Sin buscarlo, el hombre que pasó seis años y dos meses secuestrado en las selvas chocoanas en solitario se convirtió en uno de los protagonistas principales de la movilización multitudinaria que se vivió en las calles de Medellín.
La gente lo reconoció sin la barba espesa con la que apareció ante las cámaras para relatar la tortura de su secuestro. Varios marchantes le pidieron autógrafos y se tomaron fotos con él, mientras estrechaban sus manos y le manifestaban la felicidad de caminar libres a su lado.
Al final, frente a la multitud, Lizcano envío un mensaje a los secuestrados y sus captores: "basta ya de la violencia, a la guerrilla libérenlos ya, no más encadenados".