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María Consuelo Araújo, la tecnócrata que pagó el costo político

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01 de enero de 1900

María Consuelo Araújo, la tecnócrata que pagó el costo políticoBogotáAltiva, para algunos soberbia, pero siempre segura de sí misma. Así fue María Consuelo Araújo durante su paso por la Cancillería. Su voz no tembló ni para decir que seguiría en el cargo para trabajar "con eficacia, honradez, resultados y alegría" así su padre y su hermano estuvieran en medio de una investigación por nexos con paramilitares, como tampoco al anunciar, menos de 72 horas después, su renuncia irrevocable para poder estar al lado de sus seres queridos "y apoyarles como hija y como hermana".

La familia se convirtió en el "talón de aquiles" de esta joven funcionaria, nacida hace 35 años en Valledupar (Cesar) y una de las personas más jóvenes en la historia en ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores: muchos recuerdan su polémica visita al fiscal Mario Iguarán Arana el pasado 15 de noviembre, para preguntar por la suerte judicial de su hermano el senador Álvaro Araújo cuando apenas éste comenzaba a recorrer el camino del escándalo que hoy lo tiene asegurado. Se dijo que la vieron llorar en un restaurante cercano. El congresista luego reconoció que su hermana sí lloró. Pero porque no le podía dedicar tiempo a su familia.

"Si algo me quiebra, es perder a la gente que quiero", dijo en alguna ocasión en una entrevista al referirse al asesinato de su tía Consuelo Araújo Noguera, La Cacica, quien fue asesinada por las Farc cuando el Ejército intentaba rescatarla. Pero esos golpes jamás los dejó ver en su vida profesional y ni sus asesores cercanos conocieron un solo conflicto personal. Es la primera vez que un dilema familiar la aleja del trabajo.

La ahora ex Canciller es miembro de una de las más prestantes familias del Cesar y, más allá, de un clan político tradicional. Su padre, Álvaro Araújo Noguera, hoy en la mira de la Fiscalía por supuestos nexos con paramilitares y presunto secuestro extorsivo agravado, fue senador e hizo parte del gobierno del presidente Alfonso López Michelsen. Su tía Consuelo Araújo Noguera fue Ministra de Cultura del Presidente Andrés Pastrana y su hermano, Álvaro Araújo Castro, también es congresista.

Su carrera, sin embargo, ha estado alejada de las plazas públicas y se ha centrado en la gestión administrativa. Muy joven, a los 22 años, se graduó en Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y luego se especializó en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos en la Universidad de Columbia.

De ahí saltó al sector privado. Luego en 1998, Fue directora del Jardín Botánico José Celestino Mutis durante la alcaldía de Bogotá de Enrique Peñalosa. En 2001, Antanas Mockus la llevó al Instituto Distrital de Recreación y Deporte de la ciudad.

Después se cruzó con el presidente Álvaro Uribe Vélez y se convirtió en su "consentida". Tanto, que la defendió constantemente y hasta el último momento le insistió para que no renunciara, siempre resaltando su juventud y capacidad de trabajo. Esa misma que le valió ser la única colombiana seleccionada por el World Economic Forum como una de las 100 Líderes "Global Leader Tomorrow" 2003. Con el actual Jefe de Estado fue ministra de Cultura (casi en homenaje a su tía) y luego coordinadora programática de la campaña que lo llevó a la reelección. En materia de resultados, nunca se han escuchado reparos a su labor.

La Cancillería le llegó ?de carambola?. Cuando estaba lista para convertirse en embajadora en México, la renuncia de Andrés Pastrana a la embajada de Estados Unidos y la designación de la entonces ministra de Relaciones Exteriores, Carolina Barco, en su lugar, la lanzó a un cargo que no esperaba, pero que asumió con su tranquilidad de siempre el 7 de agosto del año pasado.

Los dilemas
Y desde ese momento, comenzó a alternar entre la polémica y la búsqueda de resultados durante seis agitados meses en los que insistió en que sus prioridades serían imponer la meritocracia en el Ministerio, impulsar el TLC y adelantar la defensa de los intereses de Colombia ante el Tribunal de la Haya en el diferendo con Nicaragua por el archipiélago de San Andrés y Providencia.

Incluso, los últimos días en la cartera los había dedicado a reunirse en privado con medios de comunicación, gremios y líderes de opinión para explicar en qué iba y cómo adelantaría Colombia su argumentación para las audiencias durante el mes de junio.

Pero la polémica se atravesó con insistencia, desde ese el 14 de noviembre, día en que su hermano Álvaro dijo en la Casa de Nariño: "mi cabeza es la más valiosa. Si la cortan, salpica a la canciller, que es mi hermana, al Procurador, que es esposo de mi tía y a la Corte Constitucional porque uno de sus miembros es mi primo". Después vino la visita al Fiscal y luego, el 17 de noviembre, un anticipo de los tiempos que vendrían: su primera renuncia, que Uribe, de inmediato, rechazó.

Pero la oposición insistió y en un fuerte debate en el Congreso, pidió su renuncia. Allí, volvió a aflorar el tono altivo, de defensa. "¿Para qué es bueno que yo permanezca en la Cancillería?, para toda Colombia, y estoy dispuesto a demostrarlo, así sea a través de un evaluación de manera sistemática y periódica", dijo. Para sus críticos, se mostró soberbia.

Para sus allegados, ganó el pulso y quedó fortalecida en el cargo. Y por si fuera poco, cada vez que podía, el presidente Uribe alababa su trabajo y le daba un fuerte espaldarazo. Y eso no cambió ni siquiera después del 15 de febrero, cuando su hermano fue capturado y su padre vinculado a una investigación. El sábado anterior el Jefe de Estado, durante un Consejo Comunal en Melgar, la defendió con más vehemencia que nunca: "No la sostengo como Canciller sólo por que es buena persona e integra, sino porque es eficiente en la conducción de temas difíciles en las relaciones internacionales", dijo el Presidente.

Pero el dolor de familia pudo más que cualquier respaldo político y eso que llamó 72 horas antes "un momento difícil para mi", se convirtió en la razón primera para dar un paso al costado. Y así se lo hizo saber a Uribe. Según ella, más allá alejarse para evitar polémicas, quería estar al lado de sus seres queridos para poder apoyarlos sin que eso afecte su trabajo en el Gobierno. Y por eso dio un paso al costado. Eso sí, sin derramar lágrimas en público.