Histórico

¿OPTIMISMO? ¡NI ESFORZÁNDOSE!

25 de marzo de 2012

Es frecuente oír que algunos esperan cambios positivos para los problemas del país, aseguran que debemos ser optimistas, ya casi, ya casi, todo va a cambiar porque viene el TLC, porque tenemos excelente gobernador y excelente alcalde –lo cual es cierto-, y que el pesimismo no conduce a nada; etc. Pero, mientras estén detenidos arbitraria e injustamente el coronel Plazas Vega y el exministro Andrés Felipe Arias, y expatriado, escondido, el doctor Luis Carlos Restrepo, es absurdo pensar positivo frente a la situación del país. Nuestro mayor problema, ya no es la guerrilla –con todo y la ‘matadera’ que mantiene-, sino las organizaciones que deberían ser absolutamente confiables, porque de ellas depende la marcha del país, las leyes que nos rigen y, sobre todo, la justicia, aspecto sin el cual es imposible que nada funcione adecuadamente: justamente. Si fuéramos a calificar las diferentes ramas del gobierno en este momento, la justicia sería la peor calificada; más exactamente la absolutamente ‘rajada’.

Contra la corrupción de la justicia -así haya algunos jueces y legisladores honestos-, la intromisión del narcotráfico en altas esferas de las diversas ramas del poder, y la irrupción de metas personales de poder o riqueza en las más importantes posiciones legislativas del país, es poco lo que podemos hacer los ciudadanos del común. La única posibilidad es la de trabajar en espacios de poco brillo, en los cuales se puede lograr al menos crear conciencia de la necesidad de jueces y justicia de la mejor calidad: capaces, preparados, incorruptibles.

Me refiero a lo que se puede lograr desde la publicidad en general y los valores que transmite la televisión en particular.

Si bien en las páginas deportivas casi siempre las fotografías dan el nombre del fotógrafo, en la publicidad rara vez se conoce el nombre del comunicador que creó, ya sea la imagen, ya el mensaje que la acompaña, a lo que provoca esa publicación. Mucho menos se conoce el nombre del gerente o el presidente de la junta de la compañía que paga la publicidad o patrocina el programa. ¿Será posible que ni el gerente ni la junta tengan conocimiento de lo que están anunciando, promoviendo, patrocinando? ¿Que no tengan poder para controlar los mensajes de publicidad o el contenido del programa, que están presentando de la mañana a la noche, en horas supuestamente para niños?

Es un error creer que es suficiente con la información de que el programa puede tener escenas de sexo y violencia y que los adultos responsables deben acompañar a los menores. Acompañados o solos, hay imágenes, frases, acciones, que cualquier niño normal entiende perfectamente. El contenido de la publicidad va dirigido básicamente a la conveniencia, a la urgencia, a la necesidad, de ser o parecer joven, hermoso, atractivo; ser o parecer rico, y hacer hasta lo imposible para ser, efectivamente, rico. En cuanto a conductas, las telenovelas -que, dicho sea de paso no tienen control ninguno en escenas y contenido-, se encargan de mostrar de manera ‘entretenida’ temas, situaciones, decisiones, inconvenientes, denigrantes, corruptas, crueles.

Es posible que nuestra justicia no se mejore al tener un control sereno pero efectivo sobre publicidad y televisión, pero contribuiría positivamente a que la gente -desde niños hasta mayores- tuviera un concepto claro de lo que debe y no debe hacerse. De esa multitud de televidentes y sometidos a la publicidad, es de donde salen en últimas, todos los funcionarios del gobierno incluidos los de la rama judicial. Puede que el efecto no sea instantáneo pero tal vez sea más rápido y efectivo de lo que creemos.