Ortega y Chávez: como un espejo
Sabíamos de las estrechas relaciones entre los presidentes Daniel Ortega y Hugo Chávez, pero que el primero quiera aplicar la misma fórmula del segundo para tratar de perpetuarse en el poder no resultará fácil, así se acuda a la vía de la represión violenta contra la oposición. Ni siquiera usando a los colombianos como chivos expiatorios para ocultar la profunda crisis institucional y social que afronta Nicaragua.
La retención ilegal de 22 pescadores colombianos por parte de Nicaragua, en clara violación de derechos fundamentales y de la soberanía nacional, tiene motivaciones mucho más profundas y resulta una copia burda, peligrosa y contagiosa de lo que ha ocurrido con otros compatriotas en el vecindario.
La profunda crisis institucional que el presidente nicaragüense Daniel Ortega pretende resolver con represión en contra de la oposición o cooptando los otros poderes del Estado a través de maniobras ilegítimas, nos pone en contexto de lo que ha pasado recientemente en Venezuela y pasa hace décadas en Cuba.
Es la vieja estrategia de buscar los "enemigos" por fuera, cuando realmente están en casa. Ortega, al mejor estilo chavista, busca chivos expiatorios en aguas colombianas y ahora quiere achacarnos los graves problemas de violencia, narcotráfico y pobreza que vive Nicaragua. Sólo que en el caso de los pescadores colombianos, que no llevaban cámaras ni estaban tomando fotos como espías, el cálculo le falló a Ortega. Los retenidos estaban en aguas colombianas y fueron obligados a entrar en zona de Nicaragua.
Este hecho fue ideal para que Daniel Ortega encontrara, por fuera de la frontera, la excusa para apaciguar el polvorín político que representa querer cambiar la Constitución en su propio beneficio.
En esencia, la crisis institucional que vive Nicaragua tiene como telón de fondo la decisión de la Corte Suprema de Justicia que declaró inaplicable el artículo constitucional que prohibe la reelección presidencial consecutiva y limita a dos el número de mandatos, en una sesión privada en la que los magistrados liberales fueron sustituidos ilegalmente por sandinistas. ¿No se parece mucho a lo que pasó con Chávez y su "moribunda Constitución venezolana?
Y como para que no queden dudas del parecido con el vecino, el propio Presidente Ortega decidió coger atajos para contrarrestar la parálisis del Congreso, la Corte Suprema y el Tribunal Supremo Electoral. Expidió un decreto por el que extiende el mandato de funcionarios afines, a los que se les venció o está por vencerse el período de cinco años para el que fueron nombrados, a pesar de que la competencia para ello le corresponde a la Asamblea Nacional. El rechazo a esa decisión es lo que ha provocado la reacción violenta y armada de los seguidores de Ortega contra la oposición.
En consecuencia, es necesario redoblar los esfuerzos diplomáticos para conseguir la libertad de los colombianos retenidos en Nicaragua y adoptar medidas preventivas, que no timoratas, frente a las provocaciones y atropellos que se seguirán presentando en las zonas de frontera, por lo menos mientras algunos de nuestros vecinos sigan poniendo cortinas de humo para tapar sus problemas internos.