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Otra hembra dice: hoy no, me duele la cabeza

EN UNA ESPECIE DE caracol a ellas les resulta costoso el apareamiento continuo, por lo que han desarrollado una manera de decirles no a los machos. Un claro ejemplo de conflicto entre los sexos.

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27 de septiembre de 2010

No es que haya escuchado de una mujer esa excusa vuelta paisaje en los chistes. No. Esta hembra tiene razones para decirle a su macho: hoy no.

Una hembra de caracol Littorina saxatilis prefiere no copular en ocasiones, para evitarse problemas mayores que pondrían en riesgo su supervivencia.

En promedio, un caracol adulto se aparea al menos una vez al día, todo el año. La cópula dura unos 30 minutos, tiempo precioso.

Eso se desprende de lo que Kerstin Johannesson, profesor de Ecología Marina, dijo a EL COLOMBIANO.

Para las hembras, es costosa tanta reproducción, porque durante el apareamiento pueden ser presa fácil de un depredador o ser arrojada, con su macho, por las olas al mar y servir de comida a otros.

Lógico, para los machos también tiene sus costos, pero a ellos no les queda otra opción que tratar de perpetuar la especie.

Las hembras sí tienen una táctica: los machos siguen, para hallarlas, el rastro de un mucus que dejan las hembras al arrastrarse. Entonces ellas han dejado de producir esa señal.

Para ellos es más duro, porque se equivocan en esa búsqueda y pierden tiempo al toparse con machos.

Ahora, dijo el científico de la Universidad de Gottenburg, cuando un macho halla una hembra, ella no se niega a copular, quizás porque le resulta menos costoso aceptarlo en ese momento. Es lo que se llama un apareamiento por conveniencia.

Estos caracoles tienen fertilización interna, o sea por apareamiento. Los huevos fertilizados son transportados por la hembra en un saco hasta que eclosionan como caracoles pequeñísimos, de 0,5 milímetros. Dejan entonces la madre y se agarran de las rocas.

Estos animales viven en las costas rocosas de aguas bajas o en el fondo suave, nunca en aguas profundas.

Son a menudo muy especializados en su forma, tamaño y comportamiento hacia un tipo determinado de hábitat

Littorina saxatilis, indicó Johannesson, es estudiada con frecuencia como un modelo de especiación.

Fue por ello que su grupo los estudia y se interesó en su comportamiento al aparearse.

¿Qué implica todo esto? La creencia ha sido que hembras como machos son moldeados por selección para, juntos, promover las soluciones óptimas para reproducirse.

El estudio, del cual son coautores Sara Saltin, iris Duranovic, Jon Havenhand y Per Johnson, junto a otras investigaciones que muestran conflicto sexual, indica que puede haber una especie de batalla entre los sexos, en la que lo que es bueno para uno es un problema para el otro y viceversa.

"En este caso específico demostramos que un tema grande para un conflicto puede darse sobre una pregunta tan simple como ¿con cuánta frecuencia debería darse un apareamiento?"

Cuando para machos y hembras es diferente, se traduce en una tensión. Así que, mi querido caracol, hoy no.