Panaca, el campo en escena
EL CAMPO ES el principal atractivo de Panaca. Darle tetero a las cabras, conocer los percherones más bellos del país y aprender la importancia del agro en la obra teatral Sin campo no hay ciudad, son algunas de las cosas que tiene para ti el parque en su 10 años.
"Mijo me voy, me voy para la ciudad y no me ruegue para que me quede, ahí le dejo al perro, al gato y a todos los animales de esta finca, porque yo me voy de shopping".
Fue así como Flor Azucena decidió dejar vacas, cerdos, cabras, gallinas, enseres, tierra y especialmente a su marido Campo Alirio, todo por una propuesta que le hicieron sus familiares citadinos a esta mujer campesina de la zona cafetera del país.
Flor Azucena, cansada de las labores del campo y curiosa por conocer un mundo lleno de lujos y comodidades como se lo habían contado sus sobrinos y cercanos, decidió arrancar, rumbo al paraíso del comercio, para comprar gafas, blusas, faldas, maquillaje y todo lo que le hacía falta para verse bonita, pues ya no quería parecer más una simple campesina.
Así fue que arrancó sin imaginar lo que se iba a encontrar.
Caos, pitos, humo, peligros, contaminación y varias miradas señaladoras que le daban escalofríos.
Eso fue lo que descubrió en la ciudad, un lugar en el que pasaba desapercibida, donde no tenía nada seguro y donde casi todo lo que vendían de comida era lo que ella y sus compadres cultivaban en sus tierras, situación que entendió al entrar a un supermercado.
Solo hasta ese momento Flor Azucena se dio cuenta de que "sin campo no hay ciudad", por eso sin pensar dos veces volvió a su pequeña finca junto a Campo Alirio a contemplar todo lo maravilloso que la naturaleza le entregaba y a cumplir la misión que mejor sabía hacer: la de campesina berraca y trabajadora.
Las voces
Flor Azucena y Campo Alirio le contaron a EL COLOMBIANO que la obra se construyó en dos meses de trabajo continuo, donde se interiorizó el papel, se adecuó la puesta en escena y se ensayó varias veces hasta que estuvo a punto.
Destacan estos personajes que su verdadera inspiración estuvo en sus padres, quienes fueron campesinos de esta región de antaño y siempre siguieron las tradiciones.
Los pequeños también son protagonistas del show, ellos con su entusiasmo y atención ponen la cuota de color, siguiendo las indicaciones de los protagonistas, ya sea llamando a los animales o repitiendo frases claves en cada escena.
John Sebastián Muñoz Betancur, de 14 años, aprendió que es muy importante que los campesinos vuelvan a sus tierras pues allí tienen garantizada una mejor calidad de vida, que la que les ofrece la ciudad. Señala, además, que el mejor mensaje para todos es aprender a cuidar y valorar el campo.