Papa abogó por la humildad
El Papa celebró este Jueves Santo en la basílica de San Juan de Letrán, de Roma, la Misa de la Última Cena, durante la que lavó los pies a doce sacerdotes y en la que pidió para que la vanidad, la ineptitud y el mal no se apoderen de los hombres.
Como Obispo de Roma, el Papa Ratzinger conmemoró en su catedral, San Juan de Letrán, la Última Cena, en la que Jesús instituyó los sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal.
Benedicto XVI recordó en la homilía que lo sacerdotes están llamados a hacer lo que Cristo hizo por los hombres y pidió a Dios "que nuestras manos sirvan cada vez más para llevar la salvación, la bendición y hacer presente (en el mundo) su bondad".
"Pidamos al Señor que custodie nuestros ojos para que rechacen y no dejen entrar en nosotros las vanidades, la vanidad y la nulidad, es decir lo que sólo es apariencia. Pidamos que a través de nuestros ojos no entre en nuestro cuerpo el mal, falsificando y ensuciando nuestro ser", afirmó Benedicto XVI.
El Papa teólogo abogó para que los ojos de los hombres vean sólo lo que es "verdad, luminoso y bueno" y ayuden a los hermanos y hermanas "necesitados, que esperan una palabra nuestra y nuestros hechos".
El Obispo de Roma exhortó a los cristianos a "gestos de hospitalidad" con el extranjero, a acogerlo en su familia y hacerlo partícipe de su vida.
Sobre la Eucaristía, el Papa dijo que no puede ser sólo una acción litúrgica y que sólo está completa si el "ágape litúrgico se convierte en amor cotidiano". Benedicto XVI abogó para que viviendo cada vez mejor el misterio de la Eucaristía se transforme el mundo.
Durante la Misa, el Papa cumplió el ritual del lavatorio de pies. Imitando lo hecho por Jesús a sus apóstoles, lavó con agua los pies de doce presbíteros, resaltando que se trata de un gesto de caridad fraterna y que es un deber lavarse los pies unos a otros.
Por decisión de Benedicto XVI, el dinero que se recogió durante la misa se destinará a la pequeña comunidad católica de Gaza, en Palestina.