Paralelo entre Chávez y Hitler
El padre de Adolfo Hitler era un modesto empleado público del servicio de aduanas, que gozaba de una exigua pensión de jubilación a los 56 años, cuando el niño Adolfo acababa de cumplir seis años y de ingresar a la escuela. Tan sólo estudió hasta los 16 años en medio de grandes privaciones. Ingresó al ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Trató de ser artista, pero los judíos que regentaban la academia de artes en Viena no lo admitieron. Sostienen algunos que esta negativa fue la semilla de su antisemitismo y de su fanatismo por la raza aria como la reina de la Tierra.
El padre de Hugo Chávez era un humilde maestro de escuela, en Sabanetas, estado de Barinas. Cuando joven descolló como beisbolista. Eventualmente se enroló con el ejército y obtuvo un grado en Ciencias y Artes Militares, lo cual nos indica que su formación académica no es muy profunda. Admirador de Marx y de Simón Bolívar. De estas lecturas antagónicas provienen su odio profundo hacia la burguesía, los políticos y su objetivo mesiánico de revivir la Gran Colombia.
La crisis económica que padeció Alemania después de la Primera Guerra Mundial, el desempleo rampante, le allanaron el camino a Hitler para llegar al poder en forma democrática. La crisis del petróleo durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez impulsó a Chávez a darle a éste un golpe de estado que lo insertó en el escenario político a partir de ese momento. De nuevo, un motivo económico lo puso en la ruta para llegar al poder también en forma democrática.
No creo que Hitler hubiera sido un gran orador como sostienen algunos. En mi opinión, sabía actuar para llegarles a las masas, para convencerlas y manipularlas. Porque cuando uno lee los discursos de Hitler desprovistos de la actuación teatral no pasan de ser ridículos. Chávez no pretende ser orador, pero sí sabe cómo manejar al pueblo ingenuo. Les cuenta chistes, les canta, los divierte con sus insultos... Aquí sucede lo mismo que en el caso de Hitler, cuando se leen sus extensas intervenciones con cabeza fría, no pasan de ser inapropiadas para un jefe de Estado digno de ello.
Hitler llegó al poder y poco a poco comenzó a apoderarse de todas las instituciones democráticas establecidas para preservar el equilibrio entre ellas. Terminó siendo un dictador absoluto. Al comienzo tuvo un gran éxito económico, construyó grandes obras públicas, revivió la industria y el empleo. El problema estribó que, entre tanto, se dedicó a preparar su aparato militar para la guerra.
Chávez también se ha apoderado de todas las instituciones. Ya figura como un dictador absoluto. La gran diferencia con Hitler radica en su fracaso económico, motivo por el cual ha elegido a los colombianos para reemplazar a los judíos de Hitler como los culpables de todo. Cualquier pretexto, independiente de quien nos gobierne, le puede servir para declararos la guerra. Hitler actuaba como un aristócrata, con modales refinados. Chávez no pasa de ser una persona ordinaria y resentida.
La megalomanía, esto es, los delirios de grandeza, figura entre las similitudes que más atemorizan. Los arrebatos de ira incontrolados sugieren desórdenes mentales en ambos. El armamentismo, la dictadura chavista, la cacareada reintegración de la Gran Colombia, la amenaza de los Estados Unidos en Latinoamérica por intermedio de Colombia, son manifestaciones de una megalomanía que sí podría tener consecuencias verdaderamente fatales en la región; Colombia en particular. Chávez nos legará una Venezuela arruinada, al igual que sucedió con Hitler y su Alemania. Hitler se suicidó.