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Paréntesis

19 de junio de 2008

Seguramente ya sabes que motivación es algo así como motivos para la acción.

Supuestamente otros te motivan, pero la verdad es que eres tú quien te automotivas con lo que otro te comparte.

Una experiencia radiante, una charla o un escrito sólo despiertan la fuerza interna que ya posees. Sin embargo, esa motivación es tan efímera como la gasolina para un motor o el agua para una planta.

Necesitas nutrir tu espíritu y tu mente de un modo constante si quieres estar siempre con el ánimo arriba. Pero hay una buena noticia: Hay una motivación espiritual que arde como una llama eterna. Es la que nace de estar en comunión con Dios, vibrando en el amor y en paz con la conciencia.

Esa puede titilar, pero nunca se apaga porque te impulsa el Espíritu Santo y siempre tienes motivos para vivir y para amar.