Pide por todos, Nicolás
Nos llena de dolor y nos despierta una rabia racional el hecho que la vida de un niño como Nicolás Triana termine truncada por las balas de los asesinos que lo mantenían privado del valor más preciado del ser humano y más para un infante como es la libertad.
Nicolás no tenía la culpa de haber nacido en un hogar humilde, campesino, de un municipio alejado de Huila, Saladoblanco, donde la delincuencia ha querido hacer su propia justicia y terminó asesinándolo a sangre fría cuando se sintió acorralada por la Fuerza Pública.
Nos duele el desenlace trágico de un cautiverio que no tendría por qué haberse dado, pues Nicolás estaba ayudándoles a sus padres cuando fue plagiado, y nos atormenta saber que todavía existen en nuestro suelo hombres con esa inclinación perversa hacia el delito.
Ojalá Nicolás, desde el Cielo, nos colme de bendiciones y nos proteja de caer en manos de tantos bárbaros.