Pillan francotirador en nuestro propio cuerpo
Que un agente secreto actuaba dentro de nuestros cuerpos, no era desconocido, Pero cómo obraba para dejar fuera de combate nuestros enemigos, nadie lo sabía. Bueno, hasta ahora.
Por primera vez investigadores de Australia y Reino Unido vieron actuar al implacable exterminador, el asesino de las células invasoras, la proteína llamada perforina.
"Es una bala poderosa en el arsenal de nuestro sistema inmune, sin la cual no podríamos luchar contra los miles de células que llegan a nuestros cuerpos durante nuestras vidas", dijo Helen Saibil, quien lideró el grupo en el Birkbeck College.
Los científicos, con el uso de potentes microscopios electrónicos, estudiaron el mecanismo que la perforina emplea para producir agujeros en esas células nocivas invasoras.
Esa proteína, en palabras de James Whisstock, de Monash University en Australia, es el arma de limpieza y muerte del cuerpo.
Cuando las células aniquiladoras del cuerpo hallan un agente nocivo, se acercan, liberan la perforina y esta actúa produciendo agujeros en las células que se han convertido en cancerosas o que han sido invadidas por virus. Los huecos permiten introducir enzimas tóxicas que destruyen las células.
Si esta proteína no funciona de manera correcta, el cuerpo no puede combatir las células infectadas. Y existe evidencia de estudios con ratones de que la perforina defectuosa favorece un aumento de la malignidad, en particular en la leucemia, reveló Joe Trapani, director del Cancer Immunology Program en el Peter MacCallum Cancer Centre en Melbourne (Australia).
Fue el laureado nóbel Jules Borted quien hace cerca de 110 años hizo las primeras observaciones sobre cómo el sistema inmune podía abrir huecos en las células, pero sólo ahora, con lo último en tecnología, se pudo averiguar cómo sucedía de manera exacta.
Con las imágenes se reveló la estructura: un anillo de moléculas de perforina reunidas para formar un agujero en la membrana de la célula.
Uno de los hechos llamativos para los científicos fue encontrar que importantes partes de le perforina son similares a las toxinas expuestas por bacterias, como ántrax, listeria y estreptococos, lo que sugiere que esa manera de perforar las células evolucionó hace mucho.
Esa estructura molecular ha sobrevivido por unos 2.000 millones de años.