Política de seguridad se hace con todos
La política pública sobre seguridad y convivencia se hace con todos.
Ciudades como Medellín y Cali enfrentan hoy graves dinámicas de violencia, con tasas de homicidios superiores a las de muchas regiones del mundo que se encuentran en guerras civiles. Las consecuencias y los costos de esta violencia son incalculables, la percepción de inseguridad, de riesgo, de amenaza entre conciudadanos, el estrés que esto deriva, el costo económico que generan las acciones violentas y delictivas, la disminución de la inversión del sector privado, y así sucesivamente, frente a una lista de costos que puede no tener fin.
Esta problemática ha sido abordada por las diferentes administraciones municipales de estas dos ciudades a través de múltiples estrategias y enfoques que se pueden enmarcar dentro de lo que se denomina política pública.
La política pública, representa un intento del gobierno para abordar un asunto público, a través de leyes, regulaciones, y acciones encaminadas a dar respuesta a los problemas y necesidades de una sociedad. Si dicha política no está bien formulada, o no apunta a las causas base del problema, sus acciones tienden a agravarlo, caso similar a cuando un enfermo está mal medicado.
En la investigación que se adelanta sobre el análisis de la violencia homicida y la criminalidad en la ciudad de Cali, se logra identificar que pese a que en dicha ciudad el fenómeno de la violencia se ha estudiado a profundidad por diferentes y reconocidos centros de investigación adscritos a las principales universidades, y a su vez dicho proceso ha servido como insumo para la formulación de políticas públicas, las diferentes administraciones municipales no han logrado modificar o alterar la dinámica de la violencia en la ciudad, la cual ha mantenido en los últimos 20 años tasas entre 75 y 110 homicidios por cada cien mil habitantes, con un promedio que fluctúa entre 1.700 y 2.100 asesinatos por año. Más aún, la incapacidad desde lo público para enfrentar el problema, y modificar positivamente las causas que lo generan, hace que este se torne más complejo, que se radicalice la violencia, con la evolución y enrevesamiento de fenómenos como los de las pandillas, los combos, los parches y las barras bravas.
Se ha podido evidenciar que éste es un problema más complejo y profundo de lo que creemos, y no sólo está asociado a fenómenos como el narcotráfico, sino adicionalmente a la forma en la que nos relacionamos en sociedad, el modo en que construimos lo público, lo social, lo cultural, la ciudad en sí misma.
En tal medida, una solución al problema de la violencia urbana, una construcción y ejecución de políticas públicas acertadas, sólo podrá venir del trabajo conjunto y mancomunado de todos, la sociedad civil organizada, las diferentes instancias públicas, la academia, el sector privado; un esfuerzo de todos.
Intento que debe abordar la problemática de la violencia urbana desde sus múltiples causas, lo que requerirá de una reconstrucción de lo público, una apuesta impetuosa y decidida en temas tales como la articulación público-privada para el crecimiento del aparato productivo y la consecuente generación de empleo, apoyo a procesos de resolución alterna de conflictos, la articulación de las organizaciones comunitarias a la institucionalidad pública a través de una política de convivencia ciudadana, y por ende el direccionamiento de recursos para ampliar la oferta de servicios sociales tales como la recreación, el deporte, y las diferentes expresiones culturales. Todas estas acciones y muchas más, son indispensables para construir comunidad, para construir una sola sociedad.
No hacerlo tendrá profundas y gravísimas consecuencias para nuestra sociedad, la degradación de las expresiones de violencia, la evolución y multiplicación de fenómenos como las pandillas, los combos de Medellín, los parches de Cali. Manifestaciones que llevan a fragmentar cada vez más a la sociedad, radicalizan posiciones de representación de los jóvenes, y nos apartan de la posibilidad de construir entre todos una sociedad que progresa, una sociedad incluyente y viable, una sociedad en paz.