Histórico

Por los caminos de Antioquia

30 de septiembre de 2011

Ahora que tanto se habla de autopistas de la Montaña y, al mismo tiempo, se oyen a diario lamentaciones más que justificadas por el mal estado de las carreteras de Antioquia, no cae mal recordar unos versos que escribió Jorge Isaacs hace 150 años y que encuentro, reproducidos por Argos en la edición de El Colombiano del 6 de septiembre de 1981, en la recordada sección "El Sanalejo de Argos" del siempre admirado Roberto Cadavid.

Me parece curioso dicho texto y demuestra que siempre fue incómodo y penoso, por decir lo menos, viajar por estas lomas de Antioquia atravesadas, antaño y hogaño, más por trochas que por caminos.

El texto es introducido así por Argos: "En 1861 hizo Jorge Isaacs un viaje de Medellín a Santa Fe de Antioquia. Parece que no se amañó mucho por allá, según los versos que escribió a su regreso a esta y que copio para ustedes, exponiéndome a un tirón de orejas de nuestro querido y respetado consultor Fernando Gómez Martínez".

Cedo yo hoy también mi espacio a Jorge Isaacs, el inmortal autor de "María" , que vivió entre nosotros, trasegó por esta Antioquia, aquí murió y aquí se quedó para la inmortalidad en el cementerio de San Pedro, al sombrajo del bello mausoleo que honra su memoria. He aquí el poemita, titulado "De Antioquia a Medellín".

"Al fin te diviso,/ hermosa ciudad,/ respiro tus aires/ que vida me dan,/ la vega contemplo/ que moja al pasar,/ la onda revuelta/ del manso Aburrá./ Morir es dejarte/ no vuelvo a viajar".

"Penoso recuerdo/ me sigue tenaz./ ¡Qué sol! ¡Qué camino!/ ¡Qué mula! ¡Qué afán!/ ¡Calor del infierno!/ Me voy a asfixiar;/ el brandy envenena/ y el agua hace mal./ Me muero, me ahogo:/ ¡qué insano es viajar!

"Jerónimo horrible/ (te niego hasta el san)/ tus llanos son crueles/ tu pueblo infernal./ De ti fatigado/ llegué a Sopetrán,/ al Cauca, jadeante,/ a Antioquia, mortal:/ ¡y vi tantos? vaya!/ ¡qué malo es viajar!"

"Critiquen palurdos/ la vida oriental;/ me place, tendido/ sobre ancho sofá/ dormir una siesta/ después de fumar;/ me placen las flores,/ la mesa, la paz;/ todo lo que brinda/ voluptuosidad./ Con tales instintos,/ ¿se puede viajar?"

"No dejes, bagaje,/ tu suave compás:/ galopa, galopa?/Llegamos a Aná./ Las cuestas cesaron,/ cesó el pedregal./ ¡Bendita alameda!/ Juro por San Blas/ que en mula y por lomas/ no vuelvo a viajar".

Deduzca el lector su propia moraleja. A pesar de haber corrido tanta agua bajo el puente, o precisamente porque esas aguas corren inmisericordes en estos diluvios en invierno, nuestras carreteras, aun las más flamantes, se vuelven trochas intransitables por causa de deslizamientos y derrumbes y otros eventos desagradables que nos llevan a los viajeros a sufrir los padecimientos que lamenta el poeta.

Entonces mejor es estarse en casa, musitando el estribillo de esos versos de arte menor: no vuelvo a viajar, qué insano es viajar, qué malo es viajar, que en mula y por lomas no vuelvo a viajar.

Ahí quedan, pues, estas graciosas decimillas (que así se llaman las décimas de versos de seis sílabas-hexasílabos-) de Jorge Isaacs, rescatadas del olvido por Argos. Tal vez sea reconfortante, mientras remueven el derrumbe que nos tiene aquí varados, rumiarlas en una fonda caminera, bien adobadas con un aguardiente doble. ¡Salud!