Histórico

POR QUÉ LAS POTENCIAS NO ACTUAN EN SIRIA

Loading...
11 de octubre de 2013

Las aproximaciones mediáticas al conflicto en Siria suelen ser insuficientes y desconocen la importancia de este país para el Medio Oriente y el Mediterráneo como región, de igual forma que el impacto político y económico de los acontecimientos actuales sobre los Estados vecinos. Una explicación común a las turbulencias que vive Siria, es que la oposición al gobierno de Bashar Al Assad es equiparable a los eventos en Libia, Túnez, Egipto, Bahrein o Irán, que la informe opinión pública internacional ha llamado Primavera Árabe. Nada se aleja tanto de la realidad como la apreciación emotiva de estos hechos y se acerca al simplismo occidental de homogeneizar el mundo musulmán.

El hecho puntual que convierte a Siria en una prioridad para la agenda global, es el ataque atribuido a las fuerzas oficiales sirias contra la población civil, en el que se usaron armas químicas. La posición de Estados Unidos y Europa, es que el ataque fue causado por el ejército de Al Assad. La posición de Rusia, y la propia del Estado sirio, culpa a los rebeldes del ataque con armas químicas. Aunque genere controversia, lo importante no es el ataque en sí mismo ni sus consecuencias humanitarias, pues la guerra continuará y morirán varios miles, mientras que otros seguirán buscando refugio en Turquía, Israel o cualquier país europeo.

El conflicto en Siria es relevante, por su capacidad de transformar el Medio Oriente y la posición estratégica de cada actor involucrado allí. Estados Unidos y Rusia han abierto un nuevo capítulo del pulso por conservar o incrementar su influencia internacional. Para el primero, en condición de superpotencia, perder el liderazgo no es una opción. Para el segundo, esta es una oportunidad de demostrar su hegemonía regional. No obstante, ninguno de los dos verá tan afectados sus intereses como Irán, Turquía, Líbano, Israel, Egipto o los países del Golfo Pérsico. Ni qué decir de Siria. Con la guerra, que ha durado más de dos años, su economía se ha estancado como era previsible. Irán arriesga su estabilidad, al ver en la cuerda floja a su aliado sirio. Irak ve condicionada su expansión como potencia energética. Puertos del Mediterráneo oriental, como Beirut, Haifa y Mersin (en la costa sur de Turquía), junto con el Canal de Suez y el Estrecho de Hormuz, son puntos neurálgicos del comercio internacional que han disminuido su actividad y ahora son lugares menos seguros para el tránsito de barcos mercantes. En este complejo panorama, la auténtica ventaja la obtienen las grandes organizaciones terroristas como Al Qaeda y Hezbollah, así como grupos sectarios menores, que incrementan su control territorial y económico sobre vastas zonas, aprovechando la debilidad de las fronteras interestatales y el caos generalizado en la región.