Histórico

"Porque el otro es como tú"

27 de enero de 2009

En términos de relaciones con los demás, el mandato cristiano es muy exigente, precisamente por simple y contundente: "amar a tu prójimo como a ti mismo". El Dios de Jesús de Nazareth, quien sólo se entiende y se realiza en las interacciones con otros, propone a quienes profesan su misma fe, que esas relaciones sean amorosas. ¡Simple y exigente!

Con esa declaración los problemas apenas comienzan, ya que encontrar la forma concreta de amar a los demás, a cada uno o cada una de ellas, en cada momento y lugar, es un desafío para los sujetos de carne y hueso. La tarea de construir formas amorosas de relación con otros es histórica y está fuertemente influenciada por los contextos: No adopta las mismas formas el amor al prójimo en una sociedad urbana y secular como la actual, que en las sociedades agrarias de comienzos del Siglo XX.

En tiempos recientes se ha ido tendiendo un manto protector sobre las personas que puede entenderse como una base para construir relaciones amorosas: los derechos humanos. Para ello ha fraguado una figura también sencilla y contundente: el Sujeto de derechos. Según la doctrina de los derechos humanos: "todos los seres humanos nacen libres en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia deberán comportarse fraternalmente los unos con los otros".

Y aquí no hay -ni puede haber- excepciones. Cuando se dice "todos los seres humanos" se refiere a cada uno de ellos. En esa lista está usted, sea quien fuere. Por eso, desde el punto de vista de una ética civil y mucho más desde el pensamiento cristiano, no es aceptable que haya personas o grupos de personas que se arroguen el derecho de suspender o suprimir los derechos de otros. Y en Colombia, entre nosotros, abundan personas y grupos así, que poseen además respaldos significativos. Aquí está precisamente, la base de algunos de nuestros grandes desajustes como comunidad. No es compatible con la fe cristiana respaldar o pertenecer a grupos que no respeten los derechos de los demás, por más extraños o indeseables que nos parezcan.

Para los que hacemos parte del Centro de Fe y Culturas creemos que es indispensable que esta sociedad vuelva sobre sus bases éticas para reafirmar que los mínimos del respeto y la dignidad no están en negociación y que los máximos del amor al prójimo, siguen como una meta por alcanzar para muchas personas.

Seamos capaces como sociedad, de acoger y defender el mínimo que consiste en entender que todos somos sujetos de derechos, para que estemos en capacidad de asimilar el misterio de que -como dice el Cardenal Carlo M. Martini, S. J.- "lo más importante es: amarás a tu prójimo como a ti mismo. O, como dice el texto original hebreo: amarás a tu prójimo porque es como tú".

*Miembro del Centro de Fe y Culturas