Histórico

Problemas en el Golfo

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01 de junio de 2010

En las últimas décadas, científicos y organizaciones ambientalistas empezaron a debatir y a alertar al mundo sobre el calentamiento global y sus consecuencias devastadoras para nuestro planeta, sin que hasta la fecha se hayan tomado en serio por quienes deberían tener la conciencia y obligación de iniciar las acciones preventivas necesarias. En el caso de los países desarrollados, principales responsables del deterioro y habituales asistentes a las cumbres mundiales, es lamentable detectar que al momento de la verdad, es decir, a la hora de la toma de decisiones y de medidas de beneficio común, actúan de manera dilatoria, se eximen de las restricciones o buscan en la mayoría de los casos aplazar su cumplimiento, privilegiando las conveniencias inmediatistas e intereses económicos de sus multinacionales, como si el avanzado problema no les incumbiese o no mereciere medidas expresas y urgentes.

Hoy se viven en el Golfo de México los incalculables efectos de un accidente de grandes proporciones, dada la explosión de una plataforma petrolífera de la British Petroleum que ha ocasionado el derramamiento al mar de millones de litros de petróleo y la emisión de gases altamente contaminantes, originando una mortandad sin precedentes de especies marinas, la destrucción de corales y un gravísimo perjuicio al ecosistema, resultando afectadas además importantes zonas costeras y turísticas de los Estados Unidos y del Caribe.

Lo más grave de esto ha sido constatar la imprevisión, las pocas o nulas medidas de seguridad y la incapacidad para reaccionar de manera positiva, eficiente y oportuna para detener y superar esta clase de accidentes en perforaciones de más de 1.5 millas de profundidad marina; por lo que este insuceso que tiene en alerta al mundo entero y ha dejado al descubierto la incapacidad o impericia de quienes se dedican a estos menesteres, o al menos esa fue la imagen que dejaron operadores y contratistas en cumplimiento de una citación ante el Senado de los Estados Unidos, cuando en medio del debate entraron en una serie de explicaciones evasivas e insulsas, recriminaciones y contradicciones entre ellos mismos.

En reciente rueda de prensa, el presidente Obama, dando la cara y asumiendo responsabilidades, demostró la impotencia del Estado para proceder de manera contundente a resolver o a coadyuvar en la solución inmediata del derrame, ya que su gobierno cuenta con los mismos equipos con los cuales estaba enfrentando el problema la compañía responsable de hacerlo; dio a conocer las debilidades existentes y no descartó una presunta corrupción en los trámites de otorgamiento de permisos y en la exigencia del cumplimiento riguroso de las normas. También dejó entrever que existió demora e ineficiencia para acometer la emergencia, por falta de recursos y elementos tecnológicos.

En varios estados ya se siente la gravedad del problema y sin que éste haya llegado aún de manera plena a la Florida, el sector turístico se empieza a resentir por las cancelaciones de reservas en hoteles y en aerolíneas; las autoridades se encuentran en máxima alerta y los residentes de este sector se muestran preocupados por la inminente afectación de sus playas, lo que los llevaría a una penosa situación de debacle económica que empeoraría la difícil situación originada por la actual recesión y por el tiempo que se requerirá para su recuperación, no obstante las promesas del gobierno americano en apoyar y obligar a la B.P. a asumir la totalidad de los daños.

Hoy, la primera potencia del mundo en recursos económicos, técnicos y tecnológicos, vive semejante catástrofe sin solución a la vista; ¿qué pasaría entonces, si un hecho similar ocurriese en las exploraciones, perforaciones y explotaciones de Colombia o de alguno de nuestros países vecinos, en los que el subdesarrollo tecnológico es latente y las violaciones y falta de control al cumplimiento de las legislaciones internas y externas, ambientales y culturales son la cotidianidad? Las consecuencias no logramos siquiera dimensionarlas; por lo que sólo nos resta solicitarles a nuestras autoridades especialistas en el ramo, que esta experiencia negativa no pase en vano, que aprendamos de ella y que antes de que se nos presente un incidente de esta índole, Dios no lo quiera, sean excesivamente previsivos y exigentes a la hora de permitir la explotación de los recursos naturales.