Histórico

¡Qué apartacho! le dieron a Marllybet

UN REPORTAJE EN este diario hizo posible que a esta joven madre de cuatro hijos le donaran un apartamento. Ella, cuando era niña, perdió sus dos piernas en un atentado terrorista. El Estado nunca la indemnizó. Pero la justicia llegó de manos de gente solidaria.

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08 de enero de 2012

"Si Dios me dio hijos es porque algo bueno tiene para ellos", dijo Marllybet Piedrahita en un reportaje para este diario hace casi dos años.

En ese entonces, esta joven sin piernas tenía a Emmanuel y a Asly y Emily (dos gemelas de brazos) y vivía en una pieza de no más de cuatro metros que sus suegros le habilitaron en su residencia en Belén.

Era un cuartucho de paredes sin revocar, piso de cemento y sus bienes se limitaban a una cama rústica con un colchón adicional que ella tiraba al piso en las noches para poderse acomodar los cinco: ella, sus hijos y su esposo, Julián Acevedo. Lo demás eran trebejos, porque hasta su silla de ruedas ya no rodaba ni a empujones.

Su único activo -y seguro el más valioso- eran sus ganas de vivir y luchar para darles un futuro a sus hijitos.

"Se veía todo muy difícil en medio de tanta pobreza", comenta hoy Marlly, cuando la vida le sonríe, pues de la miseria en que vivía pasó a un estado mejor. No de confort ni opulencia, pero sí de bienestar, pues gracias a la ayuda solidaria de algunas personas que leyeron el reportaje, ya tiene apartamento propio.

La emoción se ve en sus ojos. Se siente en su sonrisa amplia y clara. La expresa en los abrazos que les da a sus gemelas, ahora grandecitas y caminando por su cuenta, y en las caricias y atenciones que le brinda a su bebé, Samantha, que con algo más de un año de vida es la más inquieta y juguetea por la casa indiferente a los peligros para tanta travesura que hace.

"Vea, ahí se volvió a caer y se aporreó la cabeza", dice Marlly y le pide a Emmanuel, su hijo de 4 años, que le ayude con la niña.

¡Claro! Es que el apartamento nuevo -el que le obsequió una empresaria antioqueña que se conmovió hondamente con la historia- tiene piso de cerámica y es liso. Marllybet lo ocupa hace unas semanas, cuando le entregaron las llaves y pudo entrar con sus pequeños y sus nuevos bienes, ya no trebejos sino mobiliario y electrodomésticos en buen estado para llevar una vida digna.

"El día que llegué a vivir aquí no creía que era verdad, lloré porque ya tenía algo propio y estable para mis hijos, que son mi vida", comenta esta joven mujer, ahora de 25 años cargados de un pasado de dolor, pero también de lucha y ansias de superación.

La historia
La historia trágica de Marllybet se remonta al 23 de julio de 1996, cuando en un atentado terrorista cometido en un barrio de Medellín resultó como única víctima.

Ella residía en el sector El Pesebre y su padre la había mandado a comprar algo de comer. Era de noche. Cuando la atendían, alguien lanzó un petardo contra la tienda y la niña -en ese entonces de 10 años- sólo recuerda que despertó tres meses después en el hospital.

Pero superado el coma, Marlly se enteró de una realidad que cambiaría el curso de su vida: en la explosión había perdido las piernas.

"Y además me dijeron que nunca tendría hijos porque estaba destrozada por dentro", recuerda.

Pero a cambio de lamentarse por todo, la niña se encomendó a Dios y siguió su rumbo como pudo en la vida. Terminó bachillerato, hizo técnicas en secretariado y atención en call center y sacó tiempo para enamorarse.

Fue ahí cuando llegaron los hijos. Como estaba diagnosticado que ni ella ni él -que tenía varicocele- podrían engendrar hijos, no se cuidaron mucho.

Entonces llegó Emmanuel, en cuyo parto Marlly casi muere, pero se aferró a Dios y le pidió que le diera vida parar criarlo. Se hizo el milagro. Y tiempo después llegaron las gemelas.

"Pensé que era el fin, pues era salvarlas a ellas o a mí. Y Dios nos dejó vivir a las tres".

Contra todo pronóstico, Marlly era madre y pese a su pobreza, nunca cerró sus ganas de vivir. Le puso llave al dolor y dejó brotar la grandeza de su corazón para soñar con una vida digna y normal, como toda mujer.

Y así, paso a paso, le fueron llegando las mejores cosas. A raíz del reportaje en este diario, la solidaridad se hizo sentir. Hoy se refleja en un apartamento de 4o metros en una unidad de San Javier. Allí cuida a la chinchamenta y hace tamales para rebuscarse el sustento.

Ya sus hijitos no duermen en el suelo, pues les dieron camas para todos. Hay nevera, televisor, lavadora y estufa.

"Hasta cuadros me mandó poner doña Gladys, la señora que me dio la casa", dice sonriente Marlly, que no conoce a esta noble mujer y anhela darle las gracias en persona, como lo hace con todos los que se manifestaron los días siguientes a la publicación.

"Sin todos ellos no estaría acá con mis hijos", comenta.

Se le ve feliz en su casa de paredes blancas y con ventanas por todos los costados.

"Aún me parece un milagro tan grande como mis hijos", apunta Marlly. Y se va a hacerle tetero a Samantha, su bebita de 14 meses.