¿Qué hacer con las motos?
La decisión del Gobierno de retirar el proyecto "antimotos" no esconde la compleja situación de movilidad y seguridad vial que afrontan las grandes ciudades como consecuencia de la proliferación de este tipo de vehículos. Las protestas por la posible implementación de peajes para las motos es uno de tantos puntos que deberán ser debatidos entre los sectores comprometidos con la movilidad. Aquí, dos miradas al fenómeno.
Motociclistas deben pagar por el uso de la vía
Germán González Echeverri
Decano de la Facultad de Salud Pública U. de A.
El mundo tiene que aceptar que una movilización nueva es la moto. Así como nosotros en alguna época adaptamos nuestras ciudades a los caballos, después a los carros tirados por caballos, luego al tranvía y ahora con los vehículos particulares y con las motos, tenemos que volver a adaptarnos a esa nueva realidad.
Por más que se diga que no se pueden usar las motos, se van a usar y hay que aceptarlo, porque es un nuevo fenómeno social, un transporte ágil, barato desde el punto de vista de la inversión que hace la persona, pero eso no implica que deba dejarse al libre albedrío de quienes las usan.
Las motos, como cualquier vehículo de transporte, es un riesgo, no sólo para el que la usa, sino para el resto de ciudadanos. Primero, por trauma: un motociclista mata a un peatón o se mata él mismo o la persona que viaja con él. Eso tiene un costo directo, que es la atención médica, e indirecto, que es el costo de la incapacidad y la suspensión del ingreso que la persona deja de tener y los costos de quienes lo tienen que cuidar. Un tema de seguridad social.
Las motos también son agentes directos de polución por ruido y por carbono. El otro punto es el estrés que generan, no sólo en quien las conduce, sino en el resto de usuarios de la vía. Nadie se imagina y menos se cuantifican los costos que eso tiene para una sociedad.
El mensaje que yo diría es que esta sociedad, tal como lo hizo con el uso de los caballos, tiene que reglamentar el uso de las motos y adaptar las ciudades a su uso. Eso implica cambiar la forma en que se usan las vías. En Asia, por ejemplo, están usando algunos mecanismos interesantes y es separar los flujos de los vehículos de cuatro ruedas con el de las motos. El sistema es sencillo: antes del semáforo dejan entre 10 y 15 metros y las motos llegan y se meten en ese espacio. Como las motos arrancan más rápido que los carros, éstas se separan en espacio y tiempo de los vehículos y sólo se vuelven a encontrar en el próximo semáforo. La disminución de los accidentes de tránsito ha sido considerable.
Por otra parte, hay normas vigentes que buscan disminuir los riesgos de los motociclistas: el casco y el chaleco.
El uso del casco es obligatorio, pero debiera exigirse que sean claros, pues los oscuros disminuyen la visibilidad y protegen menos. Debe ir sujetado, porque de lo contrario es como no tenerlo. Los chalecos o la ropa de colores claros deben ser reglamentados. Los chalecos deben usarse siempre, pero tener uno para el día y otro para la noche, pues la visibilidad es distinta.
Y algo muy importante: manejar moto es muy difícil y conseguir la licencia es muy fácil. Ahí hay que apretar las normas y exigirles a los motociclistas que realicen cursos estrictos de conducción, como ocurre con los conductores de vehículos de cuatro o más ruedas.
La sociedad está gastando mucho recursos en quienes conducen moto. La señalización, pavimento, las campañas de educación y la atención en salud, obliga a que ellos también paguen por esos servicios. Estoy de acuerdo con cobrarles un "peaje" y esa discusión no puede ser política.
La responsabilidad no es sólo de las motos
Rodrigo Salazar Pineda
Experto en temas de movilidad
Cuando comencé a estudiar los temas de transporte estuve en Italia y la Vespa y la Lambreta eran las reinas, porque el nivel económico de los italianos no les alcanzaba para el carro particular. Volví hace poco tiempo y ya las motos no eran las que mandaban la parada, pues el carro utilitario desplazó el uso de las motos.
En la evolución de las ciudades y en la medida en que el ingreso de sus ciudadanos va aumentando, también van cambiando los hábitos y los usos del transporte. Primero la gente se movilizaba a pie o en bus, y ahora lo hace a pie, en bus, en moto, en particular, en tren y demás alternativas de transporte. El ideal de un país es que sus ciudadanos mejoren sus niveles de ingreso y con ellos también cambien su forma de desplazarse. Eso no se debe detener.
Ahora, las motos son un invento de la humanidad, que están en todas partes del mundo. Hay gente que las tiene como objeto básico de vida, que la compran para trabajar con ellas; y otros, de estrato socioeconómico más alto, que las tienen como objeto de lujo.
Lo que está pasando en Colombia, y no hay que negarlo, es que los motociclistas, la gran mayoría, son unos "locos" para manejar, por falta de una educación vial y de una sanción vial. Hay que educarlos como a los niños: darles zanahoria, pero también garrote. El irrespeto a las normas de tránsito y la burla a los mínimos parámetros de movilidad exigen sanciones, pero también pedagogía.
Está haciendo falta una campaña de educación muy grande y una política de sanciones más estricta. Bajo esos argumentos hay algo claro: uno castigando no gana nada. Las motos son un desarrollo tecnológico, son un invento de la humanidad y son fuente de trabajo. Antes éramos mejores ciudadanos y es increíble la indisciplina y el irrespeto de algunos motociclistas por las normas de tránsito, pero de ahí a que se impongan restricciones por todo no es justo.
El grupo de movilidad del Área Metropolitana, del que soy parte como asesor, va a discutir la conformación de una canasta de los 10 municipios, porque no tiene sentido de que Medellín haga una campaña, Envigado haga otra, Sabaneta otra... Necesitamos las sinergias, pues con ellas 1+1=3. Con las motos hay una cascada de responsabilidades. Los que importan esos aparatos, los que las fabrican, los que las aseguran, debieran hacer acuerdos con el Área Metropolitana para proponer soluciones integrales, porque el problema es integral. Es hora de que el tema de transporte tenga la marca metropolitana. No es montar campañas, sino programas permanentes de educación y prevención, pero no sólo de las motos, sino de todos los actores de la movilidad.
El Gobierno y los demás sectores comprometidos en el tema no pueden seguir legislando para unos pocos. El hecho de que alguien compre una moto y sólo la pueda usar en ciertas actividades y a ciertas horas del día es una injusticia. Con el tránsito hay dos escuelas: la de la pedagogía y la del castigo. Yo soy de la primera.